Emilio Botín

El capitalismo, la “crisis” y el Estado del Bienestar

Cuenta la leyenda que en el capitalismo había algo llamado Estado del Bienestar, que buscaba la comodidad, protección y el progreso de todos los ciudadanos. Sin embargo, desde hace cuatro años vivimos en una “crisis” que parece no tener fin. Y es “crisis”, entrecomillada, porque solo afecta a los ciudadanos. Los ricos se han hecho más ricos, y se han ampliado las distancias entre ricos y pobres. Solo así se explica que haya aumentado considerablemente la venta de coches de lujo y de chalets de alto standing. Es por eso que en este artículo la palabra “crisis” irá siempre entrecomillada. Estos periodos son los más fructíferos para los grandes bancos y empresas.

Como veremos en los datos, unos y otras hicieron su agosto en el año 2010. Mientras la “crisis” económica dejó a finales de 2010 más de 64 millones de personas en la extrema pobreza en todo el mundo y en octubre de 2011 en España el 21,8% de los hogares ya se encontraba bajo el umbral de la pobreza, en el mundo occidental se han destinado 8,4 billones de dólares para rescatar a los bancos. Solo con 173.000 millones se acabaría con la pobreza extrema de 1.400 millones de personas.

Se ha rescatado a los grandes bancos con un dinero que nunca regresó, y aun así, estos grandes bancos no han hecho otra cosa que incrementar sus beneficios desde que comenzó la “crisis”. En 2011, los beneficios del Banco Santander han descendido un 35%, pero el año anterior  batió su propio récord, con 8.943 millones de euros. Por su parte, el BBVA aumentó en un 9,4% sus ingresos, también en 2010. Y saliendo de España, el mayor banco europeo, el británico HSBC, vio incrementado un 36,3% su beneficio neto en el primer semestre de 2011. No obstante, a pesar de este aumento, anunció 30.000 despidos entre esa fecha y 2013, “para reducir costes”. Nunca parecen tener suficiente.

Y echemos el ojo sobre dos grandes empresas españolas que también han hecho su agosto con la “crisis”. Por un lado Telefónica, cuyos beneficios aumentaron un 30,8% en 2010. Por otra parte, Repsol ganó también en 2010 tres veces más que en su ejercicio anterior. Ingresó la friolera de 4.693 millones de euros netos, lo que supone una ganancia del 201% respecto al año anterior.

A pesar de todo esto, se puede pensar que las cosas solo van mal en periodos de “crisis”. Y para mucha gente, es posible. Pero no para todos. En tiempos de expansión también hay pobres e indigentes. En 2010, con “crisis”, ocho millones de personas en España eran pobres y casi el 30% de las familias no llegaba a fin de mes. Pero un informe de la Comisión Europea destacó ese año que en España la tasa de indigencia se mantuvo estable entre 2005 y 2008, y no se redujo a pesar de la bonanza económica que vivía el país.

Regresando a la actualidad, hay otro aspecto importante que se puede observar sobre todo en el comportamiento de los políticos y banqueros: culpan al ciudadano, a la sociedad. Nos culpan de “vivir por encima de nuestras posibilidades”, cuando fueron los grandes bancos los que casi regalaban los créditos, frotándose las manos por los beneficios que obtendrían. Fueron esos “regalos” los que reventaron después la burbuja inmobiliaria y provocaron el efecto dominó que siguió. Pero los bancos no dejaron de ganar, y los datos expuestos lo reflejan. Las consecuencias las sufrieron –y sufren– quienes se hipotecaron hasta el cuello y ahora no pueden pagar. El efecto inmediato son los desahucios. Hay quien culpa a esa gente que se metió en casas o coches que no podrían pagar, pero nunca se habrían lanzado a ello si no hubieran recibido el “regalo” del crédito. Si de algo pecaron fue de ingenuidad, por fiarse de los bancos, cuyos intereses, como veremos, son contrarios a los del ciudadano.

Por último, llegamos a la parte probablemente más interesante del artículo. Incluso en momentos de expansión, los ciudadanos que vivieron bien deben saber a costa de qué. La pregunta de este apartado es: ¿Cómo se financia el capitalismo? Es difícil, si no imposible, hablar de esto sin mencionar la palabra “sangre”, si bien es cierto que se puede explicar en términos políticos, que es como debe expresarse para hablar de objetividad.

En primer lugar, las guerras por los recursos naturales. Aunque los pueblos parecen enfrentarse por cuestiones de honor o “seguridad”, y ahora puede parecerlo, detrás de todos estos enfrentamientos hay unos intereses económicos. Actualmente, el dominio de los recursos naturales más preciados, como puede ser el petróleo. Así, las guerras más importantes de los últimos años (Afganistán o Irak) se deben exclusivamente al dominio del petróleo, y también al deseo de dominio de la zona. Oriente Medio es la zona del mundo más rica en ese y otros recursos, y es por eso y no por el “terrorismo” que ellos han inventado y fomentado, por lo que interesa dominar esa zona. Partiendo de que el mismo Osama Bin Laden fue entrenado por la CIA y que los grupos islamistas fueron apoyados por EE.UU. para luchar contra la URSS, ahora el interés es dar la vuelta a esos grupos, para justificar las invasiones. Si a esto se añaden los conflictos étnicos que tienen lugar tanto en países de Oriente Medio como en África, el pastel queda claramente repartido entre las grandes potencias, que fomentan esos conflictos internos con la venta de armamento, mientras extraen los recursos naturales en su propio beneficio.

Otra fuente de financiación del capitalismo, derivada de la anterior, son los golpes de estado e imposiciones o destituciones de gobiernos en pro de sus intereses, como sucedió con Augusto Pinochet en Chile o con Somoza en Nicaragua.

Y llegamos a un punto clave, muy de moda en los últimos años. El terrorismo, esa palabra que según la RAE tiene dos acepciones:
1. Dominación por el terror.
2. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.
Exceptuando los grupos islámicos que ellos mismos han potenciado, el término “terrorista” se utiliza muy a la ligera, ampliándolo a quienes simplemente se quejan ante las invasiones. Nunca lo hemos podido observar tan bien como ahora, que llaman terroristas a los propios ciudadanos que se empiezan a concienciar en todo el mundo. O al menos hablan de que son peligrosos. Por lo visto, unos cuantos manifestantes pueden dañar a muchos policías sin llevar protección ni armas. De hecho, tras observar el incremento que se ha producido en el apoyo a este tipo de actos, hoy mismo se ha hecho pública la decisión de tratar los casos de “vandalismo callejero” de la misma forma que los de terrorismo. Pero, volviendo al hilo, lo cierto es que sí, para el sistema sí son peligrosos, porque ponen en cuestión sus métodos y, por tanto, sus beneficios.

Pero ahora toca reflexionar: ¿cuándo ciudadanos y poderosos han tenido los mismos intereses? Otra pregunta que deja este artículo para reflexionar después de exponer todo es: ¿A quién debe creer el ciudadano cuando los intereses de los poderosos son contrarios y estos aseguran que las nuevas insurgencias del siglo XXI son peligrosas? ¿Peligrosas para quién?

IMAGEN: El presidente del Banco Santander, Emilio Botín. UNED

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