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Carlos Olalla: “Nuestra sociedad ha vendido su libertad a cambio de una falsa seguridad que le prometen los poderes públicos, una seguridad basada en la violencia”

Alguien escribió una vez que los sueños nunca desaparecen siempre que las personas no los abandonan. Es el caso de nuestro invitado, el actor y activista Carlos Olalla (Barcelona, 12 de diciembre de 1957). “Optimista por naturaleza e idealista por vocación”, así es como se autodefine. Ha pasado 25 años de su vida dirigiendo empresas que le reportaban importantes beneficios económicos y, sin embargo, no acabó de encontrar “su lugar”. Ahora, al fin, es libre…

El Nuevo Fígaro: Con 45 años, una reestructuración empresarial le dejó en el paro. Fue entonces cuando empezó a estudiar interpretación. ¿Cómo se produjo ese punto de inflexión?

 Carlos Olalla: Fui una víctima más de un sistema que trata a las personas como simples objetos que puede usar y tirar a su antojo. Tras 25 años trabajando en el mundo de la empresa me dieron la patada y me dejaron en la calle y sin un duro. Lo cierto es que nunca me sentí a gusto en aquel mundo y, como suele ocurrir, a veces las situaciones que te parecen más adversas son una oportunidad para replantearte lo que quieres hacer con tu vida. Aquella patada fue un empujón que me acercó a un mundo totalmente diferente y desconocido para mí en el que, por primera vez en mi vida, me siento feliz con mi trabajo. Al estar en el paro tenía tiempo y necesitaba dinero. Así que empecé a ir a castings de publicidad. Rodé varios anuncios. Jamás había pensado en dedicarme a eso, y menos aún en ser actor. Pero lo que cambió mi forma de ver y de vivir la vida fue el haber tenido la oportunidad de compartir una secuencia con Christian Bale, que por aquel entonces había venido a rodar “The machinist” a Barcelona, donde yo vivía. Verle trabajar, ver su forma de vivir la interpretación, fue una auténtica revelación. Al día siguiente me matriculé en una escuela de teatro donde estudié tres años. Desde entonces vivo de y por esto.

-ENF: Según sus propias palabras, decidió cambiar “una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo”.

C.O.: En mi etapa profesional en el mundo empresarial ocupé varios cargos de responsabilidad (director regional de un banco extranjero, de zona de una de las grandes constructoras, etc.). Viendo y viviendo todo aquello entendí que aquel mundo acabaría por estallar y por llevarnos a todos por delante. Un sistema dominado por la especulación, la avaricia, el egoísmo y el afán de beneficio a cualquier precio que no solo olvida, sino que criminaliza valores como solidaridad, generosidad, compromiso o altruismo está condenado a autodestruirse. Me pagaban un gran sueldo, sí, pero el precio que pagué fue demasiado alto: 25 años de mi vida. Ahora trabajo, cuando hay trabajo, en lo que me gusta y cobro mucho menos, pero soy inmensamente feliz.

-ENF: ¿Se arrepiente de esa decisión? 

C.O.: Jamás me arrepentiré de la mejor decisión que he tomado en mi vida. He tardado mucho, pero al fin he entendido que la felicidad no está en tener más, sino en necesitar menos.

-ENF: Confesó sentirse cada vez más ácrata en un mundo donde nos inculcan el miedo a cada instante. En su caso, ¿quién toma el compromiso social: el actor o el ser humano?

C.O.: Creo en las personas, y más concretamente en lo que hacen las personas. No creo en las instituciones. Cada día entiendo mejor el grito de los anarquistas durante la guerra civil: “¡Paz a los hombres y guerra a las instituciones!” Vivimos en un mundo que se sustenta sobre unos pilares totalmente falsos y podridos: la propiedad privada, la economía, las multinacionales, los mercados, los partidos políticos… La única forma que tiene de mantener ese absurdo ‘status quo’ de poder en el que el 99% de la población está excluido de la toma de decisiones es mediante el miedo y la violencia: miedo al terrorismo, a perder un trabajo, a no encontrarlo, miedo al diferente, al que no conocemos, miedo a la libertad, al pensamiento, a la razón… Nuestra sociedad ha vendido su libertad a cambio de una falsa seguridad que le prometen los poderes públicos, una seguridad basada en la violencia: la de las guerras, la del hambre, la de la represión, la de la persecución, la de la injusticia…

Todos estamos condenados a vivir en este mundo, pero no enfrentarte a él, no defender todas las causas en las que crees, no intentar cambiarlo, es convertirnos en cómplices criminales de ese sistema. Cómplices por omisión, por cobardía, por ignorancia, o por simple egoísmo. Creo que fue Gandhi el que dijo que más que temer lo que hacían los hombres malos había que temer al silencio de los hombres buenos. Todos somos ciudadanos, y como tales debemos afrontar nuestro compromiso de vivir en paz y en libertad. Pero no puede haber paz ni libertad mientras un solo ser humano sea explotado, encarcelado, oprimido, perseguido o condenado a morir de hambre en un mundo que tiene recursos suficientes para que comamos todos. Es desde esa posición, la posición de ciudadano que aspira a ser libre y a vivir en paz, desde la que tomo partido por las causas que considero justas. Y hacerlo significa comprometerse, comprometerse y usar todas las armas que tengo a mi alcance. Si ser actor me permite poder ser más escuchado que siendo oficinista, barrendero o fontanero, mi obligación como ciudadano es utilizar esa posición, esa ventaja, para dar voz a los que no la tienen, a lo más, a los que nadie escucha. Yo no tengo respuestas, pero sí preguntas, muchas preguntas que todos, como ciudadanos, debemos hacernos y actuar en consecuencia. No hacerlo nos convierte en cómplices de los criminales que gobiernan este sistema.

-ENF: Es un fiel defensor de la causa tibetana. ¿Ha tenido oportunidad de viajar al Tíbet?

-C.O.: Nunca he estado en el Tíbet. Estuve en Darhamsala, la pequeña población al norte de la India donde está el gobierno tibetano en el exilio. Fui allí acompañando a una delegación de abogados y periodistas preocupados por el tema de los derechos humanos. Allí tuve oportunidad de escuchar al Dalai Lama y de conocer, de primera mano, el sufrimiento del pueblo tibetano, un pueblo pacífico y no violento que sufre el genocidio por parte de las autoridades chinas desde que invadieron Tíbet hace ya más de cincuenta años, y que lo sufre mientras nosotros, el mundo que se autoproclama civilizado, calla y mira a otro lado. China jamás renunciará al Tíbet, no por razones históricas o culturales, sino porque en la meseta tibetana nacen los principales ríos que van a China y a India. Quien controle sus fuentes controla el agua potable del 40% de la población mundial. Además, en Tíbet se encuentran las principales reservas mundiales de uranio. Los tibetanos, conscientes de ello, renunciaron hace décadas a exigir la independencia que en justicia les corresponde, y a demandar simplemente un estatuto de autonomía que les permita poder estudiar en su lengua, mantener su cultura y sus tradiciones ancestrales. El papel de la comunidad internacional, como en el caso del Sahara y en tantos otros, es hipócrita, repugnante y criminal: prefieren seguir haciendo negocios con el gigante chino a exigirle que respete los derechos humanos de un pueblo inocente e indefenso. En el último año más de 30 monjes tibetanos se han quemado a lo bonzo para protestar por la situación de su pueblo con la única esperanza de que, al hacerlo, saliesen en nuestros telediarios y nos concienciásemos para exigir a nuestros políticos que forzasen a China para acabar con este genocidio.

-ENF: La primera vez que se subió a un escenario en Madrid fue en 2009, en el teatro Infanta Isabel con la obra ‘Cuento de Navidad’, un clásico de Dickens. ¿Qué tal la experiencia?

-C.O.: El Infanta Isabel es uno de los teatros con más historia de Madrid. Son tantos los grandes actores y actrices que han pasado por allí. Pisar su escenario es sentir toda la energía que ellos dejaron. Además, durante la guerra, el teatro fue utilizado como teatro popular por los anarquistas, que lo bautizaron con el nombre de ‘Ascaso’, y eso es algo por lo que siento gran admiración, cariño y respeto.

-ENF: ‘Caídos del cielo’, la obra teatral de Paloma Pedrero trata sobre los “sin techo”, un tema sobrecogedor y cada vez más frecuente en estos tiempos de crisis…

C.O.: “Caídos del cielo” es el proyecto teatral en el que Paloma Pedrero lleva trabajando desde hace más de doce años. Creado como taller de interpretación para personas sin hogar, busca ayudarles a recuperar la confianza en sí mismos y su autoestima y, como ella dice, transformar su dolor en belleza. Conocí a Paloma gracias a esta experiencia. Yo llevaba algún tiempo trabajando en un taller de interpretación para personas que están dejando adicciones. Su experiencia fue muy enriquecedora para mí. En 2008, escribió una obra para darles voz, en donde contaba sus historias, su forma de vida, y la subieron al escenario en el Fernán Gómez durante el Festival de Otoño. El documental “Caídos del cielo, de la calle al escenario” cuenta cómo fue todo aquel proceso, desde los primeros ensayos al estreno de la obra. Era un montaje en el que participaban diez personas sin hogar y diez actores profesionales. Al salir de la función, el público no sabía quiénes eran los sin hogar y quiénes los profesionales. 

-ENF: ¿Cómo fue la experiencia de trabajar en la obra?

C.O.: Hace dos años, Paloma me pidió que sustituyese a uno de los actores profesionales para algunas funciones que tenían en el teatro Arenal. Jamás olvidaré aquella experiencia. El texto está estructurado en forma de monólogos, por lo que los personajes prácticamente no interactúan entre ellos a nivel de texto. No hay que dar o esperar réplicas porque no hay diálogos. Sin embargo, durante el mes que estuve ensayando mi monólogo en un centro cultural, siempre tuve a una de las personas sin hogar a mi lado en el escenario. Cuando le dije que se lo agradecía, pero que no era necesario porque podía trabajar yo solo, me contestó: “Ya lo sé, pero estoy aquí para que no te sientas solo”.

Hoy, el taller de “Caídos del cielo” sigue funcionando y lo hemos ampliado no solo a personas sin hogar, sino a personas en riesgo de exclusión social. En él, coinciden sin hogar personas que dejan adicciones y se han integrado de una forma maravillosa, formando un grupo muy creativo y solidario. Actualmente son ellos quienes están escribiendo sus propios textos, y esperamos poder presentárselos al público en breve. Indudablemente la experiencia de “Caídos del cielo” ha sido y es, una de las más gratificantes de mi vida.

-ENF: ¿Recuerda la primera vez que “pisó” un rodaje?

C.O.: Mi primer rodaje no fue muy alentador. Fue justo cuando acababan de darme la patada en el mundo empresarial. Mi madre hacía figuraciones y me comentó que tenía un rodaje con Sophie Marceau, la bellísima actriz francesa de ‘Braveheart’. Le dije que yo quería conocer a aquel “pibón” y que me apuntase donde hiciese falta para poder ir como figurante. Falló uno y allí me enviaron. La vez que tuve más cerca a Sophie Marceau fue durante la comida, porque en el rodaje mi debut estelar se limitó a estar sentado en un banco, a unos cien metros de la cámara. Cuando gritaban la tan ansiada palabra “Acción”, tenía que levantarme y alejarme de espaldas a cámara. Nunca llegué a ver aquella película. Supongo que en ella se debe poder ver una pequeña mancha oscura que se aleja paseando melancólica por un parque. Soy yo.

ENF: En breve va a rodar un cortometraje sobre el síndrome de Asperger, poco conocido entre la población general e incluso por muchos profesionales. Se encuentra encuadrado en los TEA o Trastornos del Espectro Autista. ¿Cómo surge la propuesta?

 C.O.: Este proyecto surgió a través de Facebook. Contactaron conmigo los padres de un chaval con síndrome de Asperger y me pidieron que les ayudase a dar a conocer su realidad. Los niños con síndrome de Asperger, ‘Aspies’ como cariñosamente se conocen entre ellos, tienen una disfunción cerebral que hace que tengan muchas dificultades para percibir y expresar emociones. Son sensibles, capaces de amar como el que más, pero desconocen el lenguaje de la comunicación no verbal y suelen interpretar literalmente el lenguaje verbal, no captando los dobles sentidos, las bromas, las metáforas, etc. Ello hace que sus reacciones no sean las que tenemos los neurotípicos y que, por eso, se les considere “raros”, sean objeto de burla y del vacío por parte de sus compañeros de clase, que suelan estar solos, etc. Los más afortunados son los que llegan a ser diagnosticados como Asperger, porque entonces dejan de sentirse como bichos raros, de creer que están locos, de culpabilizarse. Entienden lo que les pasa y que no son culpables de nada. El diagnóstico es también fundamental para sus familiares porque, a partir de ese momento, pueden entender lo que le pasa a su hijo, tratarlo y relacionarse con él de una forma mucho más adecuada. El síndrome de Asperger no es una enfermedad, por eso no tiene cura, pero sí tiene tratamiento, un tratamiento a base de potenciar áreas como la comunicación no verbal, que les facilita enormemente su inserción en la sociedad. Para mí, ha sido una gran satisfacción conocer esta realidad invisible y tan poco conocida que afecta a entre 3 y 7 niños por cada mil nacidos y que me hayan invitado a colaborar con ellos. 

-ENF: Ha trabajado en muchas teleseries y tv-movies, ¿De cuál de ellas guarda mejor recuerdo?

-C.O.: En estos últimos años he pasado por más de 50 series y tv-movies, normalmente con pequeños papeles capitulares. Son muchos los buenos recuerdos que guardo de esta experiencia y de las personas a las que he conocido. Me es muy difícil destacar alguna por encima de las demás, pero quizá señalaría la primera temporada de “Amar en tiempos revueltos” porque fue mi primer papel con recorrido y “El tiempo entre costuras”, que acabamos de grabar, por el formidable espíritu que hubo durante la grabación por parte de todos: técnicos, artistas… Otra serie de la que guardo un recuerdo muy especial es “Hospital Central”, en la que interpreté al padre de Maca, que tenía que morir de un infarto. La grabé pocos meses después de haber sufrido un infarto agudo y la verdad es que resultó todo un reto revivir aquella situación. Los compañeros de rodaje y todo el equipo fueron maravillosos conmigo. Cosas así suelen pasar en esta profesión. En “El Internado”, por ejemplo, que fue uno de los primeros trabajos que hice después del infarto, tuve que meterme en un ataúd.

ENF: El 23 de Febrero de 2011 se estrenó en Antena 3 “El secreto de Puente Viejo”, en donde encarna a un caballero a la vieja usanza con ideas conservadoras. A nivel humano e interpretativo, ¿qué destacaría del personaje?

 –C.O.: Adoro esta serie. El ambiente de rodaje es sensacional y los compañeros son realmente muy generosos haciendo todo lo que está en su mano para que los actores secundarios que nos vamos incorporando a la serie nos integremos fácilmente. Mi personaje es el de Eugenio Casas, el padre de la doctora Casas, un hombre conservador, tradicional y muy machista que se opuso con todas sus fuerzas a que su hija estudiase una carrera universitaria. Por eso la perdió. El paso de los años, ese milagroso tiempo que tanto nos hace entender, le lleva a arrepentirse de su comportamiento y a pedir el perdón de su hija. Pide una segunda oportunidad. Esa es la grandeza de este personaje: reconocer sus propios errores, estar dispuesto a admitirlos y a pedir humildemente perdón. A nivel interpretativo ha sido un reto precioso tener la oportunidad de meterme en su piel.

-ENF: Ha participado en la producción cinematográfica ‘Grupo 7’, dirigida por Alberto Rodríguez. ¿Qué opina del ‘modus operandi’ del grupo? ¿El fin justifica los medios?

 C.O.: Un verdadero regalo trabajar con un director tan excepcional como Alberto y con unos compañeros de reparto tan espléndidos. La película denuncia una realidad que siempre nos esconden: lo que hay detrás de todos los fastos y las grandes inauguraciones que vemos en la tele. El trabajo sucio llevado a cabo por un grupo de policías que no dudan en corromperse y utilizar métodos cada vez más violentos e ilegales para conseguir sus objetivos. Condeno esa forma de actuar que me asquea profundamente y a la que, desde luego, me opongo con todas mis fuerzas.

-ENF: No solo se dedica a la interpretación sino que ha publicado dos novelas, poesía y tiene su propio rincón ‘La placenta del Universo’, un guiño al arte de vivir…

 C.O.: Los libros fueron mi válvula de escape mientras trabajaba en el mundo de la empresa. Necesitaba evadirme, escapar, encontrar otros mundos lejanos a aquel que yo tanto detestaba. Por eso empecé a escribir: para huir, para buscar otros mundos. Y esa búsqueda me llevó, cuando estaba en el paro, a crear la maqueta de un programa cultural de radio, un viaje hacia la belleza a través de la música, el cine, la literatura, el teatro que yo escribía, presentaba y dirigía. Ese programa iba a llamarse “La placenta del Universo”, en honor al gran Vinicius de Moraes, que en uno de sus poemas habla de la placenta del infinito. Fui de emisora en emisora intentando que alguna se interesase por mi proyecto pero, aunque había quedado finalista del Open Radio 2003 del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, lo cierto es que ninguna quiso darle la más mínima oportunidad. De nada sirvió que les explicase que estaba dispuesto a hacer aquel programa de forma totalmente gratuita. Aquel, como tantos otros sueños, acabó guardado en un cajón hasta que los de la página ‘clandestino de actores’ anunciaron que querían colaboradores altruistas para crear blogs para su página. Yo desconocía por completo el mundo de los blogs, pero les hice llegar algunos artículos publicados en el periódico donde suelo colaborar con artículos de opinión. Les gustó y me invitaron a crear mi blog que, no podía ser de otra manera, pasó a llamarse ‘La placenta del Universo’ y que, en los pocos más de dos años que lleva funcionando, ya han visitado casi 300.000 personas. Escribo una entrada semanal sobre cualquier tema que me interesa y que quiero compartir, y la verdad es que eso de poder compaginar lo que escribes con las músicas, las fotos y los videos que eliges me ha abierto un mundo nuevo y fascinante con el que estoy disfrutando muchísimo. Además, me ha permitido conocer a personas maravillosas con las que compartir sueños e inquietudes.

-ENF: ¿Qué siente cuando los intereses de Estado suplantan la defensa por los Derechos Humanos?

C.O.: Siento un profundo asco y desprecio. Siempre ha sido así, por lo que no es de extrañar que algo tan sucio ocurra. Pero el colmo del cinismo y la desfachatez es que se ha llegado a considerar normal (y nadie se ha rasgado las vestiduras por ello), leer en primera plana de la prensa nacional, cuando Marruecos prohibió el regreso de la activista saharaui Aminetu Haidar, las declaraciones de un presidente de gobierno autollamado socialista justificando que “hay que anteponer los intereses económicos y de Estado al respeto a los derechos humanos”. En este sentido tengo muy claro que vamos a peor. Ya en 2007, cuando tuve la oportunidad de colaborar desde la Fundación de la Casa de Tíbet en la organización de la visita del Dalai Lama a Barcelona, tuve una muestra muy clara de ello. El presidente de la Generalitat, José Montilla  y el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, ambos del PSC, se negaron a recibirle. No les importó en absoluto que se tratase de un premio Nobel de la paz o de un líder religioso a nivel mundial en visita a su ciudad. Su miedo, su terror, a molestar al gigante chino fue superior a lo que cualquier hombre de bien hubiese hecho. En la anterior visita, el Dalai Lama sí había sido recibido oficialmente tanto por Jordi Pujol, Presidente de la Generalitat, como por Pascual Maragall, alcalde de Barcelona.

 -ENF: Ha confesado sentirse a gusto trabajando con “gente sensible y creativa que piensa y siente” como usted. ¿Se lo debe al mundo artístico?

 C.O.: Indiscutiblemente. La gente del mundo artístico, tanto técnicos como artistas, trabaja en esto porque es lo que de verdad le gusta. Son, somos conscientes de que en cuanto se termine esta serie, este rodaje o aquel montaje o, simplemente, este papel, nos iremos derechitos al paro, y que las oportunidades de encontrar otro trabajo son realmente difíciles (y más tras haberse cargado el teatro, las nuevas series de televisión y el cine como se acaban de cargar). Sin embargo, seguimos en esto, y seguiremos mientras podamos. Creemos en nosotros mismos y no en la falsa seguridad del mundo de la empresa que promete estabilidad y hace que la gente que trabaja en él crea que la seguridad es algo externo: una nómina, un contrato fijo, una gran empresa. En el tema laboral no creo en una seguridad que dependa exclusivamente de un papel firmado por otro, prefiero creer en mí mismo y en mis posibilidades de salir adelante haciendo lo que de verdad me gusta.

-ENF: Hace cuatro años sufrió un infarto. ¿Una reafirmación de la vida?

 –C.O.: Verle la cara a la muerte te cambia la vida. Creo sinceramente que, tener un infarto agudo y contarlo antes de los 50 es un regalo maravilloso que te hace replantearte las prioridades de tu vida, darle la importancia justa a cada cosa y a cada situación y, sobre todo, te invita a disfrutar intensamente cada segundo y a hacerlo valorando precisamente todas esas pequeñas cosas en las que está la felicidad y que antes ni siquiera veías.

Estando tumbado en coronarias, rodeado de médicos a los que no había visto en mi vida, me di cuenta de que todo podía acabarse allí y de que no tenía a mis seres queridos junto a mí, que no les daría el último abrazo, la última mirada, la última sonrisa… Pensando en eso empezaron a venirme a la cabeza las innumerables oportunidades que había tenido en la vida de mostrar amor, cariño, alegría o simple afecto, y que había dejado escapar, por timidez, dejadez o simple egoísmo. ¡Y eran tantas! Así que decidí no llevarme ni un solo abrazo a la tumba y, desde aquel día, soy el tipo más cariñoso que te puedes encontrar.

 –ENF: ¿Cuál es la mayor satisfacción que le ha reportado su profesión?

C.O.: Son muchas, muchísimas. Pero la más importante, sin duda, la de ser consciente de que ahora estoy viviendo mi vida, que ya no dejo que otros la vivan por mí. Por primera vez, soy feliz con lo que hago y, sobre todo, que, al fin, he desterrado la palabra “jefe” de mi vida.

-ENF: ¿Unas últimas palabras para “bajar el telón”?

-C.O.: Las de Abraham Verghese en esa maravillosa novela que es “Hijos del ancho mundo”: “No somos de donde nacemos, sino de donde nos necesitan”.


Entrevista realizada por
: Myriam Merhi Andión

IMAGEN: Web oficial de Carlos Olalla

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