Juan Carlos I

El discurso del Rey

Corren malos tiempos para la Casa Real. A la que pasaba por ser una de las monarquías más populares de los países occidentales, no dejan de crecerle los enanos: si hace poco saltaba la noticia de la presunta corrupción de Iñaki Urdangarín (en cuyo caso la Infanta Cristina y el propio Rey podrían estar involucrados), le siguieron, en un breve espacio temporal, otros dos sucesos que guardan curiosos paralelismos. Por un lado, el manejo ilegal de armas de fuego por parte del nieto del Rey. Por el otro, la cacería de elefantes del monarca en África.

Los paralelismos de los dos casos no terminan en el interés por la caza que comparten Juan Carlos y Froilán, sino que los dos coinciden en algo de más relevancia: en ambos casos, la noticia no habría saltado de no ser porque se produjo un accidente. Teniendo esto en cuenta, podría parecer ingenuo el pensar que ésta era la primera vez que Froilán usaba ilegalmente un arma de fuego (con el beneplácito y consiguiente negligencia por parte de sus padres), o que Juan Carlos realizaba “en secreto” una cacería de coste millonario por parajes exóticos.

Todo esto ha hecho que en la calle se haya despertado un debate que hace solo unos meses podría parecer inimaginable en España. Y la hasta ahora incuestionable monarquía, se ha convertido, por primera vez en décadas, en objeto de críticas por parte de ciudadanos, medios de comunicación y partidos políticos. Los asesores de la Casa Real, conscientes del malestar que estos acontecimientos han suscitado en la ciudadanía, aconsejaron al Rey pedir disculpas, y no mediante un comunicado, sino personalmente. De este modo, Juan Carlos I aparecía ante una cámara de televisión con un escueto: “Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”.

Como ciudadano, quisiera que el Rey me aclarase en qué cree que se ha equivocado.  ¿Quizás el error fue caerse y romperse la cadera, hecho sin el cual la noticia no habría trascendido? ¿Tal vez fue decirnos a los españoles que son tiempos difíciles y que todos debemos actuar con responsabilidad y realizar sacrificios, mientras él se lo pasa en grande matando elefantes en África?

Si hoy escuchamos las palabras que el Rey pronunció en su tradicional discurso de Nochebuena, la cosa es para echarse a reir. O para enfadarse.

En el citado discurso, el Rey hace mención al papel ejemplar de las familias, que en estos tiempos tan difíciles están permitiendo que el orden social se mantenga. Imagino que no hablaba de la propia.

También hablaba de la necesidad de adoptar compromisos y potenciar la solidaridad. ¿Con quién se solidariza él? Dudo mucho que los millones de españoles que están pasando por auténticos dramas sientan que el Rey se esté solidarizando con ellos. Yo, desde luego, no veo esa solidaridad por ninguna parte.

Pero el momento álgido del discurso se produce cuando hace referencia a la falta de credibilidad por la que están pasando “algunas instituciones”, en clara alusión a la clase política. El Rey concluye que “necesitamos rigor, seriedad y ejemplaridad”, especialmente en las personas que cumplen alguna función pública. ¡Menudo ejemplo, Juan Carlos!

Para terminar la broma, nos dice que al vivir en un estado de derecho, cualquier persona que cometa un acto censurable será juzgado de acuerdo a la ley, ante la cual todos somos iguales. En lo que entiendo como un acto de suma humildad, el Rey no se tiene en cuenta a sí mismo, ya que la Constitución Española le exime de responsabilidad alguna sobre sus propios actos.

La ley, Juan Carlos, no puede juzgarte. Pero el pueblo está empezando a hacerlo.

IMAGEN: Juan Carlos I. DAQUELLAMANERA

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