Receta para destruir la Educación Pública

Si usted tiene amigos poderosos que le aconsejan limitar los gastos “superfluos” en su dieta económica, aquí le recomendamos una sencilla receta para mantenerles contentos y bien alimentados. La educación pública siempre ha sido un lastre. Tal y como ha proclamado el honorable ministro José Ignacio Wert, los despilfarros en educación son enormes e inútiles. Hasta 3.000 millones de euros en un servicio que no supone en absoluto el futuro del país. Más bien es un vicio pernicioso y mal usado de la juventud, sin el cual se puede vivir perfectamente.

Así pues, les ofrecemos una receta sencilla y apetitosa para ofrecer la educación pública en bandeja a sus colegas alemanes y franceses. Siga atentamente los pasos y no se pierda.

Ingredientes:

– Despedir profesores interinos.
– Menos desdobles.
– Menos clases de refuerzo.
– Bajar sueldos y aumentar horario.
– Aumentar el número de alumnos por clase.
– No cubrir las bajas inferiores a quince días.
– Incrementar las tasas universitarias.

Primero hay que deshacerse de la grasa extra que sobra. Así pues, coja usted la bolsa llena de profesores y agítela con fuerza. Asegúrese de que lo que cae a la basura sean los interinos, a los que no despedirá sino que simplemente dejará de contratar. Agite vigorosamente, y estruje en los lugares que sea necesario para deshacerse de las sobras que no necesite. Dependientemente de si quiere una masa más o menos esponjosa puede decidir la cantidad entre un umbral de 50.000 y 80.000.

Una vez tenga bien limpia la masa sople con fuerza para asegurarse de que no queda ningún ingrediente indeseado. En ocasiones hay grumos muy molestos que cuesta quitar con una simple limpieza, y se niegan a aceptar su expulsión de la receta. En estos casos le recomendamos el uso de una pizca de represión policial (si es excesiva asegúrese de que quede bien oculta en la masa, y no deje una apariencia fea al exterior). En caso de que aún no tenga el resultado esperado, aplique nuestra anterior receta. Recuerde que la semana pasada mostramos cómo eliminar a aquellos ingredientes que no daban mal sabor ni envenenaban pero sí que nos molesta su vista. Ahora los hemos declarado indigestos y podemos eliminarlos legalmente de la masa bajo la etiqueta de: “Nocivos”.

¿Cómo asegurarse al 100% de que queden los menos profesores interinos posibles? Aquí llega el primer secreto de la dieta. Antes, cuando faltaba un profesor en una taza, este se sustituía por otro a las 48 horas para que la masa no se enfriara ni estropeara. Ahora hemos aumentado ese tiempo de cocción en quince días. No se preocupe por la pérdida de algunos de los alumnos con más dificultades. Estos no entraban dentro de nuestra dieta de ninguna manera.

Recuerde que esta medida provocará que la comida quede menos variada y heterogénea. Con menos profesores habrá menos clases de refuerzo y menos desdobles. Pero no se preocupe. Eso solo preocupará a aquellos cuyo estómago no pueda permitirse comer algo tan insípido y de difícil digestión. En cambio, sus amigos no tendrán ese problema porque siempre tienen bajo el brazo una buena cantidad de Omeoprazol, así que no sufra por ello.

Para acondicionar la masa a los estómagos de sus amigos, no se olvide de echar tres cucharas de aumento de horario y 100 miligramos de bajada de sueldo. Los profesores que queden en la masa quizá estén algo agobiados y amargos, pero siempre queda la esperanza de que si se come junto a nuestra receta de fomento de toros, fútbol y circo, esto no se note mucho en el sabor.

Ahora viene el segundo truco especial para evitar la descompensación de ingredientes. Preste mucha atención. Para que la pérdida de profesores no sea un problema en la porción de alumnos, en cada taza aumentaremos el número de estos en un 20%. Utilice un buen medidor para asegurarse de que no se escapa ningún alumno de la taza. En otras versiones de esta receta mostrábamos que deben incluirse entre 21 y 30 alumnos por taza, pero en nuestra nueva y mejorada receta recomendamos que el número pueda subir incluso hasta 40.

Y ahora el ingrediente final antes de meterlo al horno. Siempre puede escaparse algún alumno, digo ingrediente, más duro y perseverante a esta dieta. Para evitar que llegue a alimentos de lujo pondremos un colador esencial. El incremento de las tasas universitarias, que será desde un 25% hasta un 40% dependiendo del gusto del gourmet. Así librará a su comida de ingredientes de marcas blancas y se asegurará de dejar muy bien marcado el umbral entre la comida chatarra y la delicatesen.

Después de esto mezcle bien la masa, introdúzcala en el horno y espere algunos años a fuego lento. Pronto tendrá una población ignorante y manejable como usted quería. Lista para ofrecérsela de manjar a sus amigos alemanes y franceses sin que ningún grumo estropee el sabor.

Y un aviso de última hora de nuestro cocinero jefe, el honorable ministro de Educación, José Ignacio Wert, quien ha asegurado al término de la clase que esta no es la reforma educativa que busca sino simplemente las condiciones previas para realizarla. Demos por hecho, pues, que esto solo es el aperitivo. Dejen espacio en sus estómagos, que aún queda mucho por tragar. ¡Bon appetit!

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