Revuelta en Grecia

El capitalismo se cobra la vida de otras tres personas en Grecia

De nuevo vuelve a suceder, pero esta vez los medios “convencionales” han silenciado los tres suicidios que se han producido el pasado 21 de Abril en Grecia. Después del suicido frente al parlamento griego del farmacéutico jubilado, Dimitris Christoulas, Grecia vuelve a cubrirse de sangre en respuesta a un sistema que esclaviza y conduce a sus compatriotas al suicidio y la desesperación.

Savvas Metoikidis, un maestro de 44 años, decidió terminar con su vida ahorcándose en el almacén de su casa, en su ciudad natal, Stavrúpoli, al norte de Grecia.  El motivo de esa decisión tiene un claro carácter político, así lo expresó en una nota que dejó antes de morir.

Quienes le conocen hablan de un luchador social, siempre en primera línea.  Participó en la rebelión de diciembre de 2008 y en todas las luchas sociales contra la barbarie capitalista durante los últimos 30 años. Dejó, además, un manifiesto en donde reflexiona acerca de la rebelión del 2008 y la violencia, principal política de los gobernantes que rigen el planeta a costa de vidas humanas.

“Violencia es trabajar 40 años por una miseria y no saber si algún día llegarás a jubilarte.
Violencia son los bonos del estado, las pensiones robadas, el fraude de la bolsa.
Violencia es estar obligado a obtener un préstamo hipotecario que finalmente pagas a precio de oro.
Violencia es el derecho del director de despedirte en cualquier momento.
Violencia es el desempleo, la precariedad, los 700 euros con o sin seguridad social.
Violencia son los “accidentes” laborales, porque los jefes limitan sus gastos a costa de la seguridad de los trabajadores.
Violencia es tomar psicofármacos y vitaminas para hacer frente a los horarios extenuantes.
Violencia es ser una inmigrante, vivir con el miedo que en cualquier momento te van a echar fuera del país y experimentar constantemente inseguridad.
Violencia es ser al mismo tiempo asalariada, ama de casa y madre.
Violencia es cuando te cogen el culo en el trabajo y te dicen: ” Sonría, tampoco es para tanto”.

Lo que hemos vivido yo lo llamo rebelión. Y al igual que cualquier rebelión es similar a ensayo de guerra civil, huele a hollín, gases lacrimógenos y sangre. No se contiene fácilmente y no se explota. Enciende conciencias, acentúa y polariza contradicciones, asegura momentos de compañerismo y solidaridad. Traza sendas por la liberación social.

Señoras y señores, ¡bienvenidos a las metrópolis del caos! Coloquen en sus casas puertas de seguridad y sistemas de alarma, abran la televisión y disfruten el espectáculo. La próxima rebelión será definitivamente más ardiente, a medida que progresa la podredumbre de esta sociedad… O salgan a las calles junto a sus hijos, declárense en huelga, atrevedse a reclamar la vida que les roban, recuérdense que una vez fueron jóvenes que quisieron cambiar el mundo”.

Savvas Metoikidis

Ese mismo día, en la isla de Creta se suicidaron otras dos personas. Uno de ellos, un hombre de 57 años dejó una nota en la que decía: “No me gusta la vida que nos han forzado a vivir. Perdón por haber causado trastorno”.

“Perdón por haber causado trastorno”.  Ojalá a aquellos que han destruido esperanzas y sueños, aquellos que se despiertan con una sonrisa en los labios aún escuchando gritar, qué digo, rabiar de dolor al mundo, les resuenen en sus “conciencias” estas mismas palabras cada noche, cuando yazcan en sus cómodos colchones de firma. Las palabras de un ciudadano que se disculpa ante el mundo por causar “trastorno”. Tristeza es lo que siento. Si supiera que aquí, en mi país, ni un solo medio de comunicación de masas se ha “molestado” en nombrarle, en citar sus palabras, en dedicarle unos minutos, unas palabras, una imagen, un sonido. Nada.

Hoy me duele el alma. Me hierve la sangre.

¡Grecia resiste!

IMAGEN: Louisa Gouliamaki (AFP)

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