Sarkozy

Sarkozy se radicaliza… aún más

El discurso del presidente francés, Nicolás Sarkozy, está inclinándose cada vez más hacia la extrema derecha a medida que ve que sus posibilidades de ser relegido disminuyen. Tras la primera vuelta de las elecciones el pasado 22 de abril, en las que el candidato socialista François Hollande se llevó la clara ventaja con un 28,63% de los votos, Sarkozy ha echado mano de la artillería pesada para recurrir a su medida más desesperada.

El aumento de votos de Marine Le Pen, que quedó como la tercera fuerza más votada con un 17,90%, ha dado la idea al presidente francés de intentar rascar votos del Frente Nacional en su desesperado intento por mantenerse en el Elíseo. Tan desesperado y radicalizado ha quedado su discurso que ha levantado críticas dentro de su propio partido. Sarkozy se ha centrado en hablar contra la inmigración, prácticamente erigiéndose el salvador de Europa con algunas de sus expresiones como: “Si Europa no puede cuidar sus fronteras, nosotros lo haremos”, o “Los franceses no desean una Europa que sea un colador”.

De mientras, en su propio partido se han oído muchas críticas anónimas, incluso se ha podido poner cara a alguna de ella. El senador de la UMP (Unión por un Movimiento Popular) del departamento Norte, Jean-René Lecerf, recordó públicamente al candidato presidencial que “los valores del Frente Nacional no son los nuestros”. Siguiendo la misma línea, Eienne Pinte, diputado por Yvelines, declaró que el presidente tiene equivocada su estrategia, pues a estas alturas de la campaña lo que debería hacer es hablar de desempleo, el poder de compra, la salud y la educación.

El viernes, en su último mitin en Seine-Saint-Denis, un suburbio de París, Sarkozy se enfrentó a un público afín a sus nuevas ideas desesperadas, que en un 99% era joven y de raza blanca. Al aún presidente se le vio visiblemente agitado, sudoroso e incluso violento. Los ataques hacia los inmigrantes, hacia su mayor adversario y contra algunos medios de comunicación estuvieron tildados de un odio irascible solo provocado por la rabia de ver como el poder se le escapa de los dedos. En él incluso llegó a posicionarse abiertamente a favor un policía del barrio que se encuentra investigado por el homicidio voluntario de un ciudadano. Sarkozy defendió el “derecho a la presunción de legítima defensa” de los gendarmes y policías en la misma tónica que Le Pen, sorprendiendo a sus compañeros de partido que jamás optaron por incluir esa medida en su programa electoral.

También hubo lugar en su discurso para un ataque acérrimo a algunos medios como Le Monde y Libération y para un intento de humillación de los votantes de izquierdas. Bramó contra los socialistas por su pretensión de dar derecho a voto a los residentes extranjeros en las municipales; e incluso se desdijo de sus propias palabras al afirmar que se arrepiente de no haber plasmado en la Constitución Europea las raíces cristianas del continente. De hecho, en un momento de su mitin el presidente llegó a afirmar que consideraba un honor ser llamado fascista si venía de parte de un comunista. Por si su radicalización no había calado suficientemente hondo entre la extrema derecha, les lanzó un cebo directo con las siguientes palabras: “Os respeto, os escucho, y en cierta manera os comprendo. ¿Me convierte eso en un compañero de ruta de Frente Nacional?”.

Lo cierto es que la primera vuelta ha sido un completo varapalo para el presidente francés, quien tendrá que dar un gran vuelco para conseguir cambiar el resultado en la segunda vuelta, el próximo 6 de mayo. El pueblo francés posiblemente será el primero en votar en contra de las medidas de austeridad que el propio Sarkozy junto con Ángela Merkel han impuesto en Europa y que está asfixiando a países como España o Grecia. Eso supondría un gran golpe a las políticas económicas de ambos presidentes y dejaría a Alemania sin aliado en Bruselas. El hecho de que haya salido a la luz que el propio Gadafi financió la campaña de Nicolás Sarkozy en 2007 con 50 millones de euros no ha ayudado a mejorar su imagen precisamente. El presidente ha anunciado que si pierde las elecciones abandonará la política. Sus compañeros de partido temen que, aunque lo haga, la imagen de UMP ya estará irremediablemente dañada.

IMAGEN: Nicolás Sarkozy en un mitin. AFP

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