Carta de un inmigrante al rey de España

Su Majestad (¿es así cómo debo dirigirme a usted o tal vez “Excelencia”?)

Soy cubano nacionalizado español. Cuando juré “bandera” para acceder a la Nacionalidad española dije también que me comprometía a respetar la Constitución y serle fiel a usted. Admito que nunca entendí la importancia del texto. ¿Es una muestra de patriotismo o una exigencia anacrónica? ¿Un hecho significativo, todo un hito en nuestras vidas cívicas, o un simple trámite en definitiva innecesario? Me vinieron muchas preguntas pero tuve que hacerlo ante Su Señoría, el Juez encargado del Registro Civil, si por fin quería ser un ciudadano español. Lo cierto es que lo hice, Majestad.

Desde aquel momento sentí que en lo adelante usted sería mi Rey aún cuando usted tiene la corona no por haberla obtenido en una elección democrática sino “porque le tocó” al tener, dicen, “sangre azul”.

A usted, Excelencia, me gustaría preguntarle cómo es posible que guarde silencio ante el “decretazo sanitario” aprobado por el Gobierno que prohibirá a los inmigrantes “sin papeles”, “ilegales” tener derecho a recibir asistencia y tratamientos médicos. ¿Cómo es posible, Majestad, que usted guarde silencio ante una medida que expresa un absoluto desprecio a la dignidad humana y que se trata de un derecho constitucional?

¿No es usted símbolo de la unidad y la permanencia? ¿No es a usted a quien corresponde arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones y representar al Reino de España?  ¿No está entre sus funciones constitucionales apelar al pueblo y someter a consulta de la Nación todo proyecto o cuestión que haya propuesto el presidente del Gobierno? ¿No ha sido usted quién ha firmado el “decretazo sanitario” aprobado por el Consejo de Ministros? ¿No es usted quien puede declarar la guerra y también hacer la paz según la Constitución española?

Ya sé, Majestad, que usted hace discursos sobre las dificultades económicas que pasan los españoles aún cuando usted y su familia viven muy por encima de las posibilidades de nosotros, sus súbditos, su pueblo (¿cómo debemos llamarnos, “súbditos” o “pueblo”?), pero deberá dar la cara ante quienes queramos o no queramos le mantenemos como Rey. No le hablo de meterse en política; porque negar la asistencia sanitaria a una persona por no tener unos miserables “papeles” no es de política sino de tener o no humanidad.

No se deje engañar por sus cortesanos (¡qué digo cortesanos! “Asesores”), ni tampoco por aquellos que le han hecho creer que usted tiene la sangre azul. ¿Se ha hecho alguna vez un pinchazo? ¿A que su sangre es roja, tan roja como la de ese inmigrante “sin papeles” que no tiene corona?

No guarde silencio, Majestad. Cuando pasen los meses y la gente muera porque no ha podido recibir asistencia sanitaria o porque no ha podido costearse un tratamiento contra el VIH, la tuberculosis o el corazón, ¿qué va a decir usted? ¿Se va a lavar las manos entonces bajo la excusa de que estaba en Rusia matando osos borrachos o en África cazando elefantes?

Majestad, no tome esta carta como una injuria; ya sé que las injurias a la Corona constituyen un delito de “lesa majestad” tipificado en los artículos 490 y 491 del Código Penal español, que prevé penas de prisión de cuatro a 24 meses. Eso, le ruego que no lo tome como una injuria. Estoy seguro que no lo tomará como tal porque ni a mí me gustaría ser mártir ni a usted le conviene crear mártires; se lo digo yo, que aunque tenga un DNI español sigo siendo cubano y conozco bien la historia de los falsos mártires.

No guarde silencio. Recuerde que la historia y toda la gloria del mundo caben en un grano de maíz.

Por: Guillermo Morales Catá

FUENTE: Legalcity

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