15M un año

El 15-M cumple un año y se refuerza

CRÓNICA

A pesar de muchos que querían creer que el movimiento de los indignados había perdido fuerza después de un año, y de otros que hicieron lo posible y lo imposible por que así fuera, el aniversario ha demostrado más bien todo lo contrario. Aunque el número de asistentes ha sido menor, el respaldo fue masivo durante el fin de semana y algunos días más, protagonizados por los desalojos y detenidos.

Un año después de lo que muchos llamaron “el despertar de las conciencias”, inspirado por la Primavera Árabe, el 15-M ha celebrado su aniversario con cuatro días que, analizados, se pueden calificar, cuando menos, de gran éxito, sobre todo comparado con lo que se esperaba de él, al menos desde los medios de comunicación. Mucha prensa, especialmente la de derechas, ha llevado a cabo una campaña desde el año pasado asegurando que el 15-M fue una exaltación espontánea y temporal, que tal y como empezó había acabado. Pero el tiempo ha llevado la contraria a estos periódicos, demostrando el ingente poder de convocatoria que mantiene el movimiento, a pesar de algunos descontentos sociales hacia él. Todavía hay quien dice que no ha conseguido nada en este primer año, a pesar de que su intervención para impedir desahucios ha supuesto un alivio para muchas familias. A esto hay que sumar las asambleas de barrios, que han desarrollado muchas de las propuestas y ofrecido nuevas. “El trabajo del día a día es el que cambia el mundo”, se decía en las asambleas del aniversario. Pero parece que lo que no sale en los medios no existe, y eso ha llevado a muchos ciudadanos a pensar que el movimiento se debilitaba.

Con todo, es cierto que el número de asistentes a las protestas en este primer aniversario ha sido más bajo que el año pasado, alrededor de 30.000 en Madrid el día 12 según datos del Ministerio del Interior, y cientos de miles según el 15-M. No obstante, partiendo de los argumentos que daban al movimiento por desaparecido, es una cantidad importante. Cabe denunciar, de paso, la vergüenza que suponen esas diferencias en las cifras, en cualquier tipo de evento. En Barcelona se congregaron unas 22.000 personas según el Ministerio y 200.000 según la organización. Otras ciudades españolas también se sorprendieron gratamente.

12-M, el gran día

Aunque el aniversario se cumpliera el día 15, el gran día convocado era el 12, por ser sábado. El 15 de mayo es festivo en Madrid por San Isidro, pero la convocatoria era global, por lo tanto el sábado era el mejor día. Y no decepcionó. Ya hemos visto las cifras, pero quedan pendientes las reacciones y actividades. Las distintas marchas que partían de diferentes zonas de la capital se fueron uniendo en las grandes plazas: Neptuno, Cibeles y, al fin, la Puerta del Sol. En “la plaza del pueblo” no cabía ni un alfiler, y aunque no hubo asamblea hasta entrada la noche, los gritos y consignas se sucedieron a lo largo de la tarde. A la hora de cenar descendió el número de personas, que volvió a su máximo a las doce de la noche, cuando se llevó a cabo el llamado “grito mudo” -que se hizo todos los días-, tras el cual hubo una explosión de euforia y alegría, sobre todo tras conseguir superar las diez de la noche, la hora límite establecida por la Delegación del Gobierno de Madrid. Sin embargo, la policía no pudo desalojar la plaza debido a la gran cantidad de personas.

El desalojo tuvo que esperar hasta la madrugada, y aunque no hubo carga policial, los disturbios y la resistencia pacífica provocaron 18 detenidos. Es importante señalar que a esas horas de la noche había más gente en la plaza haciendo botellón y otro grupo más reducido reunido en asamblea. Los antidisturbios disolvieron a este último, a pesar de que beber alcohol en lugares públicos no está permitido.

Más allá del aniversario

Entre los días 13 y 15 de mayo se llevaron a cabo asambleas a partir de las ocho de la tarde. En ellas se maduraba sobre propuestas antiguas y se proponían nuevas, pero si en algo se hizo hincapié fue en los detenidos. Y es que, después del primer desalojo -hubo dos más en las dos madrugadas siguientes- la policía se llevó a bastantes personas. En Barcelona, por el contrario, la Consejería de Interior permitió acampar en la Plaza de Catalunya. En Madrid, como decimos, hubo tres desalojos, con un total de 560 identificaciones y 29 detenidos, aunque algunos liberados en los días posteriores. La mayoría de ellos denunciaron en las asambleas torturas y golpes en las comisarías, concretamente en la de Moratalaz. Acerca de esta, uno de los chicos que fue llevado allí detalló que a una chica le dieron tal golpe que la dejaron inconsciente. Todo esto delante de él y de otro detenido. Más tarde, otra persona que salió a dar su opinión aseguró que “si hacen lo que hacen delante de las cámaras, ¿qué no harán en Moratalaz?”. Entre las propuestas figuraban algunas relacionadas con este asunto, y señaló la necesidad brindar más apoyo, tanto popular como legal, a los presos que hay y habrá a partir de ahora, especialmente cuando se empiecen a castigar con penas más duras las concentraciones “ilegales”.

El día 15 parecía la última jornada de pesadilla para la Delegación del Gobierno de Madrid, que no esperaba lo que llegó el día siguiente. En la Asamblea General del 14 de mayo no se especificó una fecha para una nueva concentración, con cacerolada incluida, sino que se estableció una señal que todo el mundo pudiera entender: entre risas decidieron que se volvería a quedar cuando la prima de riesgo española alcanzara los 500 puntos. Y, bromas del destino, esto sucedió el miércoles. Por la tarde, cientos de personas se reunieron en Sol con cacerolas y cualquier otra herramienta que hiciera ruido. Alrededor de las nueve de la noche caminaron hacia el Banco de España, para protestar allí. Entonces, al principio de la calle Alcalá, un reducido grupo de doscientas personas que iba por delante fue rodeado por la policía, que le mantuvo cercado durante una hora. Finalmente, ante la decisión de los integrantes de no ceder y no resignarse a ser identificados uno por uno, con la consiguiente multa, y ante la presión ejercida por otro gran grupo que se encontraba al otro lado de la policía, esta cedió y decidió abrir paso. Esta ha sido otra pequeña victoria del movimiento, que gracias a su resistencia pasó de tener que salir de allí en pequeños grupos aceptando la identificación a reencontrarse con el otro grupo que esperaba al otro lado, saliendo todos airosos de la situación. Durante esa eterna hora del cerco se lanzaban gritos como: “¡Libertad!”, “Esto es un secuestro” o “Esta es vuestra democracia”, mientras se animaba a difundir por las redes sociales lo que estaba ocurriendo.

El asedio de la policía durante aproximadamente una hora, tras la cacerolada del día 16. Fotografía: Tania Lezcano

A lo largo de todos los días, y especialmente los últimos, cuando se desarrollaron más las labores que estaban realizando las distintas comisiones, destacó la de Política Internacional, en la cual se habló del apoyo a los pueblos en situación de resistencia contra la opresión, refiriéndose más concretamente a Palestina, pero también al Sáhara. El 15-M reafirmó así su apoyo incondicional a estos dos pueblos que durante tanto tiempo han sido y continúan siendo víctimas de regímenes invasores y exiliados de su propia tierra, cada día más ocupada.

En definitiva, tanto la resistencia del día 16 como el incumplimiento del límite horario establecido por la Delegación del Gobierno, dirigida por Cristina Cifuentes, y la imposibilidad de desalojar ante la gran cantidad de personas, son claras demostraciones de que la unión hace la fuerza y de que el movimiento avanza paso a paso y poco a poco. En el camino se van parando desahucios, asesorando a detenidos, recogiendo firmas y, de vez en cuando, convocando concentraciones para que el mundo entero se entere de que el 15-M, con sus variantes internacionales, que también siguieron la convocatoria, está más vivo que nunca.

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Puedes ver todas las fotografías de estos días tomadas por Tania Lezcano en nuestra cuenta de Flickr.

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