La impunidad tiene nombre y apellidos

Si tuviera que escribir un artículo sobre actualidad permanente, el tema estrella sería la Impunidad. Esa es la palabra que resuena en mi mente una y otra vez.

En medicina, la morfina actúa como un sedante contra el dolor, el enfermo deja de sufrir hasta que se va apagando poco a poco. El cuerpo se vuelve inmune a la agresión que supone su enfermedad y, por tanto, la mente yace con ella. Debilitan el cuerpo y limitan la capacidad de pensamiento. En términos sociales, la impunidad actúa de igual modo. Su diagnóstico es bien sencillo. Basta con acudir a los agentes que apoyan su difusión, los mass media (Medios de comunicación de masas).

La inmunodeficiencia es su estado habitual, su máxima herramienta, la manipulación de la información para un póstumo control informativo. Inventan, enmarañan, falsean, destruyen y vuelven a construir. Tejen la realidad conforme a los intereses de quienes financian esas mismas “informaciones” o, debería decir, ¿desinformaciones? Sus víctimas son de sobra conocidas.

No existe un solo rincón en el mundo en donde la impunidad no sea un vestigio de lo que fue, es y será si no logramos destruir la permisividad que le hemos otorgado durante tanto tiempo. Existe porque nosotros permitimos que así sea. Recuerdo las palabras de Edmund Burke: “Lo único que se necesita para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada”. No se trata de una simple palabra, es la voluntad de individuos con nombres y apellidos que cimientan constituciones después vulneradas, condecoran a dictadores manchados de sangre bajo el eufemismo de ‘Presidente’, firman acuerdos de guerra en nombre de la paz, engrandecen al opresor y sentencian al más vulnerable.

Quizá estemos tratando con la peor de las enfermedades que padece el ser humano, el virus más extendido a nivel mundial y, lo más significativo es que, hoy día, actúa como un arma cargada de poder. Sus efectos devastadores son silenciados por los poderes ejecutivos que actúan como serviles marionetas de la banca y supresores, a su vez, de Justicia. La historia, lamentablemente, está teñida de impunidad.

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