Oso polar

La última frontera peligra

Greenpeace alerta al mundo del riesgo que corre el Ártico en su nueva campaña ‘Save the Artic’.

En un mes ya han superado el millón de firmas que pedían para declarar la zona reserva universal sin reclamar.

Los efectos del cambio climático en el Ártico llevan años siendo noticia. El calentamiento global provoca cada vez más deshielo en la zona, hasta el punto en que, en 2011 (año más cálido de los últimos 50) se llegó a un mínimo histórico, según indicaron científicos del Instituto de Investigaciones del Ártico. El proceso de desglaciación ya es real, y desde 1989 se han perdido más de 960 mil kilómetros cuadrados de superficie ártica. La situación es tan grave que los expertos temen que el deshielo total se produzca antes del final del siglo. Desde Greenpeace son más pesimistas y temen que, de no tomarse medidas preventivas cuanto antes, esto podría suceder de aquí a veinte años.

Cabe aclarar que cuando los científicos y ecologistas hablan del total deshielo se refieren solo a la estación veraniega. De forma natural, parte del hielo se descongela cuando las temperaturas son más cálidas, pero después vuelve a formarse durante el invierno. Sin embargo, incluso en las estaciones más frías se está notando el cambio, pues el grosor y la consistencia de la capa de hielo cada vez es más delgado. En algunas zonas la anchura de esta no mide más de dos o tres metros. El deshielo total durante el verano podría suponer un grave riesgo para el ecosistema de la zona, pues acabaría con la existencia de muchos animales que necesitan el hielo y sus componentes para sobrevivir, pudiendo llegar a crear una reacción en cadena cuyo resultado se desconoce.

El pasado 20 de junio, Greenpeace inició la campaña Save the Artic con la que pretende informar a la población de los peligros que sufre la zona y que no se limitan solo al deshielo. Además, su objetivo era recoger un millón de firmas para presionar a organismos como la ONU y la EU en la importancia que tendría declarar la zona reserva natural de interés mundial, como ya ocurrió con la Antártida en 1959. En apenas un mes las han superado, y ya han aumentado el objetivo a dos millones. El apoyo de la población es clave en esta campaña, advierten desde Greenpeace, pues será un medidor para ciertos organismos indecisos sobre la importancia que se le da al problema del Ártico. Si la reacción ciudadana es pequeña, ellos seguirán siendo permisivos con lo ocurrido en la zona; y eso es algo que la organización ecologista trata de evitar.

Pero, como ya hemos dicho, el deshielo no es el único problema del Ártico. La creciente actividad petrolera es un peligro que puede recaer en otro peor: En conflicto internacional. Julio Barea, responsable de la campaña de aguas de Greenpeace, asegura que el mayor riesgo actualmente es que se crucen las fronteras. Ya hay actividad petrolera sin necesidad de que las grandes compañías entren en el terreno. La costa norte de EE UU, Canadá o Noruega tienen mucha actividad cercana al Ártico. “En este momento, el riesgo que corremos es que se vaya más allá en zonas que ahora mismo son libres, salvajes y vírgenes”.

Greenpeace denuncia que compañías petroleras como Shell, BP, Exxon y Gazprom quieren llegar más allá. Están enviando, en connivencia con algunos de los países más poderosos del mundo, barcos de exploración para comprobar si en la zona hay petróleo y si es rentable extraerlo. En ningún momento estas compañías han hecho estudio alguno sobre el perjuicio que supondría para la zona la explotación petrolífera. Además, la organización ecologista alerta de que la maquinaria que están llevando al Ártico es vieja y obsoleta, con lo que se corre más riesgo de un vertido catastrófico. Julio Barea recuerda la gravedad del accidente de la plataforma Deepwater Horizon, en el Golfo de México en abril de 2010, pese a ser supuestamente la más avanzada y segura del mundo. “Fue un desastre que se extendió durante meses a pesar de estar en el país más avanzado y con mayor tecnología del mundo, y encontrarse a escasos minutos de todos los dispositivos de emergencia. A pesar de eso hubo una fuga de millones de litros de petróleo al mar, que llegaron hasta costas europeas. En el Ártico estamos hablando de un lugar muy remoto, donde apenas hay infraestructuras para solventar esto de forma inmediata. En invierno la zona es casi intransitable, de modo que si hubiera una fuga en esas fechas el petróleo se congelaría bajo el hielo y, durante meses, no se podría hacer nada por sacarlo de allí con un pozo de alivio. Habría que esperar al verano para que un operativo tratara de arreglar el problema”. Y eso, evidentemente, solo agravaría la situación.

Pese a que el Servicio Geológico de los EE UU (USGS) ha asegurado que la explotación del Ártico solo serviría para llenar 90.000 millones de barriles de petróleo (más o menos un gasto mundial para tres años), las disputas por la zona se están agravando, lo que hace ver la cantidad de dinero que sí supondría para unos pocos. Además de las grandes compañías petroleras, varias potencias están batallando por repartirse la zona. “Algunos de los países más importantes del mundo,  como EE UU, Noruega, Rusia o Canadá tienen intereses comerciales y pretenden reclamar la propiedad del Ártico para sí, aprovechando su cercanía geográfica”, alerta Barea. También habla sobre “otros países, como China, que no cuentan con esa ventaja pero sí están tratando de presionar a través de su apoyo a grandes compañías petroleras. Aunque no solo el petróleo es su punto de interés, sino también los gases, los minerales alojados en el fondo del mar o la actividad pesquera”. Wikileaks ya filtró documentos que explicaban la creación de ‘batallones del Ártico’ por si se diera el caso de un conflicto armado por el uso de la zona. Estos batallones consistirían en aviones especializados y rompe hielos atómicos. Desde la página de Julian Assange se atreven a afirmar que este conflicto podría llegar a ser la Guerra Fría del siglo XXI.

Ante esta situación, Greenpeace asegura que no va a quedarse de brazos cruzados. Ya tiene a dos de sus barcos, el ‘Esperanza’ y el ‘Artic Sunrise’ siguiendo los pasos de los petroleros que se encuentran en la zona ártica, y esta campaña no va a terminar aquí. “Los objetivos de Greenpeace en este tema son cuatro”, afirma Barea. “Primero, que se declare un santuario sin reclamar en el Polo Norte, lo que llamamos el alto Ártico, que pertenezca a todo el planeta. Es una medida vital para nuestra supervivencia. Segundo, que se prohíban taxativamente la exploración y extracción de petróleo en la zona. Tercero, que se prohíba la explotación pesquera por parte de las grandes empresas para no acabar con la sostenibilidad de la zona. Esta petición la tomamos después de las medidas de socorro que recibimos de los habitantes del lugar. Y, la más política, que es a largo plazo: Que el dinero invertido por los Gobiernos y compañías en explotaciones de la zona se dediquen a descarbonizar la atmósfera. Hay que asegurarse que no se despilfarre energía pero, sobre todo, apoyar las energías renovables que el planeta tiene y de las que podemos abastecernos”.

Para ello, lo primero que necesitan es demostrar a los gobiernos y las grandes compañías que la ciudadanía se preocupa por lo que ocurre en el Ártico. Ya han alcanzado el millón de firmas en un  tiempo record, y en manos de los demás está duplicar esta cifra. Al fin y al cabo, el cambio climático no afecta solo a los ecologistas.

IMAGEN: Greenpeace

A %d blogueros les gusta esto: