Esperanza y su libertad de expresión

Esperanza Aguirre es uno de los políticos preferidos por los periodistas. ¿Cómo no iba a serlo? Se trata de una amante de la libertad de expresión que, además, ofrece grandes titulares sin necesidad de tener que rebuscar mucho en su discurso. Pero, ¿es tan amante de la libertad de expresión como dice?

Cuesta creerlo al ver su actitud el pasado 29 de agosto, cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid acudió a Robledo de Chavela y Valdemaqueda, localidades donde ya se han quemado casi 3.000 hectáreas en sendos incendios. Se presentó en el lugar con toda su comitiva, incluyendo a su jefe de prensa y un cámara personal, tratando de adelantarse a la visita que Tomás Gómez, líder de la oposición, tenía planeada para ese mismo día. Sin embargo, la presidenta no vio con buenos ojos la llegada de otros dos reporteros de Telemadrid, su cadena propagandística y la “única plural que hay ahora mismo en España”, según sus propias palabras. En un video recogido y publicado en Youtube se ve el enojo y la incomodidad que le inundaron al ver la llegada de otro coche de la cadena madrileña. “Pero si yo les he dicho que no dijeran nada” protestaba Aguirre, quien increpó a los reporteros categóricamente. “¿Quién os ha dicho que vengáis? Si esto no estaba previsto”.

Ante este raro ejemplo de libertad de expresión las redes sociales han ardido, lo que también ha provocado la reacción de varios políticos y periodistas. Posteriormente, Aguirre se ha excusado asegurando que se sintió molesta ya que su visita era privada, no como la que también realizó Tomás Gómez. Sin embargo, el detalle que la presidenta no mencionó es que iba acompañada de su propio cámara, quien le fotografió con el incendio de fondo e hizo un video institucional. Este cambio de rumbo lleva a pensar que lo que Aguirre no quería es que su visita se anunciara de antemano, y los vecinos y bomberos limitados por los recortes en su lucha contra el fuego decidieran acompañarla en su visita y manifestaran su libertad de expresión. Una que ella no aprueba tanto.

No es la primera vez que el nombre de Esperanza Aguirre se relaciona con la libertad de expresión. Hace varios meses la presidenta levantó escamas declarando que el partido final de la Copa del Rey que disputaron el Barça y el Athletic de Bilbao debería ser considerado de alto riesgo e, incluso, plantearse suspenderlo en caso de haber pitada por parte del público. Además, para dejar clara su postura política permitió que ese mismo día se llevara a cabo una manifestación ultraderechista contra los catalanes y vascos que ese día inundaron la capital. Todo esto vino después de recordar que la última vez que ambos equipos se enfrentaron en la final de dicha competición, en 2009, se sucedieron muchos pitos y abucheos durante el himno nacional y la entrada del Rey, don Juan Carlos, al estadio. Tras las críticas que se llevaron a cabo desde las redes sociales acusándola de censora, ella se escudó en su libertad de expresión para hacer esas declaraciones. Una libertad de expresión que no consideraba que los hinchas athléticos y culés merecieran. En ese caso era más importante el sentimiento de una parte de la población por unos símbolos abstractos que la libertad de realizar una protesta pacífica y simbólica de una parte de la población que, o buscaba reflejar su disconformidad con un himno que no sentían que les representara, o buscaba mostrar su crítica con un monarca que meses después lleva guardando méritos para ser el “hombre del año”. ¿O era otra cosa? Fue justo esos días cuando salió a la luz que la Comunidad de Madrid es una de las más endeudadas de España, después de haber ocultado datos al Gobierno Central que solo ha servido para agravar la situación financiera del país. Quizá Esperanza necesitaba dar la nota con algo “sonado” para que no se hablara de su horrible gestión. La libertad de expresión se puede usar de muchas maneras…

De una manera también polémica la usaron el pasado lunes un numeroso grupo de manifestantes en el acto de apertura del curso académico universitario 2012-2013 de la Universidad Autónoma de Madrid, que presidió la propia Aguirre y que se tuvo que cancelar debido a la protesta. El grupo de manifestantes superaba la centena y estaba compuesto, entre otros, de profesores y alumnos de la facultad. Portaban una pancarta que rezaba ‘Políticos a la hoguera’, y gritaron consignas tan desagradables como ‘Esperanza, muérete’. Aguirre se ha mostrado escandalizada asegurando que en un régimen democrático ese tipo de comentarios, a los que definió como “amenazas de muerte”, no deben tolerarse,  y ha tomado medidas cuanto antes. “Vamos a instar al fiscal y al juez a que determine, identifique, interrogue y se tomen las medidas que en derecho correspondan contra los responsables de estos actos” ha declarado a los medios.

Aunque nadie debería negar que esas declaraciones son innecesarias y de mal gusto, en mi opinión la presidenta no debería dramatizar hasta el punto de calificarlas de “amenazas de muerte”. En ningún momento de ese acto se profirió una auténtica amenaza contra su persona, ya que para esto deberían haberse dirigido a ella directamente asegurando que tienen intenciones malévolas de atentar contra su salud. Son deseos horribles, pero palabras del viento. Deseos, no amenazas. No olvidemos que se trata de declaraciones pasionales hechas por un grupo que está siendo agredido. Sí, agredido. Cuando te suben las tasas de la universidad, te bajan el número de becas, te meten el plan Bolonia donde, entre otras dificultades, te impiden tomar otro tipo de clases que no sean presenciales (lo que ya deja fuera la opción de costearte tus estudios con un trabajo, que ya es difícil de conseguir hoy día), te suben los impuestos, te encarecen la luz, el agua y el gas, te suben el IVA… En ese momento incluso es ligeramente entendible que pierdas los nervios y le desees lo peor a la clase política (unos y otros) que colaboran para hacerte más difícil la vida. Si a los aficionados al fútbol se les perdona su visceralidad en un partido cuando profieren insultos racistas o deseos de muerte desde la grada (cosa que ocurre continuamente); el no hacerlo con las víctimas de los recortes es ser muy insolidario. Y si Esperanza está en contra de ese tipo de declaraciones quizá debería optar por, en primer lugar, plantearse cerrar su querido Bernabéu (o digamos Camp Nou si el ofendido fuera Mas. No es de fútbol de lo que hablamos aqui).

Y ya como puntilla final, y simplemente con ánimo de recordar a la señora Aguirre sus palabras (aquellas que los políticos tienden a olvidar, porque donde dije digo, digo Diego), me gustaría recordarle que esas “amenazas de muerte” no le parecían tan graves hace apenas dos años. Sí, dos años. Es el tiempo transcurrido desde la celebración del Día de la Hispanidad de 2010. Ese día el Ministerio del Interior colocó un cordón de un kilómetro a la redonda para evitar abucheos, insultos y deseos varios  José Luis Rodríguez Zapatero, entonces presidente de Gobierno. En declaraciones a TVE, la presidenta dijo, de hecho, que le parecía una estupidez ese cordón y que pretendían alejar el ruido de unas protestas que entonces sí consideraba merecidas, aunque aseguraba no apoyarlas.

O ya retrocedamos más, como no. Por ejemplo hasta febrero de 2006, cuando se produjo una manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo en Madrid en contra la de política antiterrorista del Gobierno. La manifestación era muy legítima, y más viniendo de parte de un colectivo de víctimas que ha sufrido en carnes propias el terrorismo etarra (adjuntando luego a añadidos que, o se unían por solidaridad, o es que entonces quedaba muy bien hacer migas con la AVT pero ahora están haciendo las mismas medidas que criticaban). Pero, en medio de esa manifestación, se empezaron a oír gritos coreando un lema: ‘Zapatero vete con tu abuelo’. Todo esto vino después de que el entonces presidente asegurara en un acto con algunas víctimas que él compartía su dolor y que recordara la figura de su abuelo, capitán de la República, que fue fusilado al negarse a colaborar con el alzamiento nacionalista. Así pues venían siendo los mismos deseos o “amenazas de muerte” que doña Esperanza ha sufrido ahora en sus carnes. En esos momentos a ella no le  parecieron mal, mientras se la veía sorniente en primera plana en Telemadrid acompañada de sus compañeros de partido. Todos a una. El apoyo que dedicó a los manifestantes en ese momento fue pleno; no pidió en ningún momento medidas judiciales por esas “amenazas”. Tan pleno como lo es la crítica y amenaza de persecución que dedica ahora a sus propios detractores.

Entonces resta plantearse algo. ¿Quién tiene en este país libertad de expresión? ¿Es Esperanza Aguirre quien debe otorgar la gracia de hablar de lo que le plazca a quien ella quiere, del mismo modo que ya ha demostrado que mueve bien los hilos en “su” televisión? ¿Aquellos manifestantes que, pasionalmente, desearon su muerte son mejores, peores o iguales que aquellos que en 2006 deseaban la muerte de Zapatero? ¿Tienen todos ellos libertad de expresión, teniendo en cuenta que sus declaraciones son movidas por un impulso de rabia? ¿O deben ser todos (pero todos) censurados porque la libertad acaba donde empieza la del vecino? Es un tema a plantearse. Esperanza Aguirre, desde luego, no lo hará.

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