Los supuestos NI-NI, o cómo culpar a la juventud de la crisis

Esta misma tarde estaba echándole un vistazo a las noticias que la Cadena SER tenía en su página web cuando una de ellas me ha llamado la atención a la vez que me ha ofendido. En la noticia hablaban de los datos sobre el desempleo juvenil, que como ya sabemos es el más alto de la zona euro, y que acaba de conseguir un récord histórico (y vergonzoso) superando el 53% de paro.

El contenido de la noticia es lo de menos. Estos datos, aunque tan horribles como el primer día, no son algo nuevo para nosotros. Lo que ha despertado mi indignación fue encontrarme con el titular “España, el país europeo con más ‘ni-ni‘”. Todos conocemos ese término, y en España está comúnmente usado para definir a aquellos que ni quieren estudiar, ni quieren trabajar, sino vivir una vida muelle a costa de los ingresos de sus padres. Antes de la crisis se había oído hablar mucho de esta parte de la juventud (minoritaria entonces), y se les catalogaba de “consentidos” o “vagos”. Claro, era la época en la que las tasas universitarias no estaban por los aires, las becas no se habían prácticamente extinguido, y no era difícil hallar trabajo en puestos básicos.

Ahora bien. Las cosas han cambiado muchísimo en este país, y cualquiera de esas situaciones no es tan fácil como entonces. ¿Es justo, pues, englobar en ese despectivo término a todos los jóvenes que han sido -o hemos sido- víctimas de la crisis?  El porcentaje que expone Cadena SER engloba a jóvenes de entre 15 y 29 años que en el momento de realizar el estudio no están estudiando ni trabajando. Es generalizar mucho, ¿no les parece? ¿Tiene alguien derecho a llamar NI-NI a un joven  de 27 años que ha perdido su empleo? ¿O quizá a otro de 23 que acaba de terminar su carrera y no encuentra trabajo en un mercado laboral que está parado y sin ganas de volver a moverse próximamente? ¿Es justo marcar con esa palabra popularmente despectiva a un niño de 18 años que no puede permitirse pagar las desorbitadas tasas que han impuesto ahora en las universidades? (les recuerdo que este curso ha habido más de 150.000 matrículas menos que el anterior, es decir, 150.000 estudiantes que no han podido acceder a la mal llamada Universidad Pública). ¿Sigo con ejemplos?

En un país como España en la situación en la que nos encontramos, buscar definiciones despectivas y disfrazarlas de inocentes es una forma de tirar la piedra y esconder la mano. ¿Pretenden dar a entender con ese término que aquellos jóvenes que forman parte de ese vergonzoso porcentaje que tiene la vida en el aire son los culpables de la crisis? ¿O que son culpables de su propia situación? Quizá forme parte de una nueva horda de excusas. Primero fue la herencia recibida, después la culpa fue de los inmigrantes y puede que ahora sean los jóvenes quienes nos toque cargar con la espada de Damocles de turno. Pero no. Una vez más, no. Ya basta de estudios, de porcentajes, de cifras y de excusas. Ya basta de escoger a un culpable (siempre del pueblo llano, por supuesto) para no hablar de una mala gestión de una crisis financiera que cada día se vislumbra más claramente como una estafa y una excusa para marcar más las diferencias sociales. Ya basta de ser los cómplices de una clase social que solo tira balones fuera y que insiste en el “habéis vivido por encima de vuestras posibilidades” mientras ellos cobran millones y millones de dinero público por, precisamente, ahogar más al pueblo. El periodismo no es eso, y ya toca que sus propios colegas (aunque no tan bien pagados) se lo recordemos.

En España hoy en día la gente lo está pasando mal, y la juventud es la franja más castigada. Cuando se dice que jamás ha habido en este país una generación tan preparada y con tan pocas salidas laborales, es porque es cierto. Jamás ha habido un número tan alto de licenciados y diplomados en paro (también en eso encabezamos la zona euro). Esos no son NI-NI, señores. Esos han hecho exactamente lo que la sociedad pedía de ellos, que es estudiar una carrera y aprovechar su tiempo. Que fue exactamente lo que hicieron aquellos que ahora cacarean, aunque probablemente con mayor confort y menos prisas impuestas. Si ahora no hay lugar para colocar a todas estas personas echen la mirada a las grandes empresas que se niegan a mover el mercado laboral pese a tener una reforma hecha a su medida. Cuando estas empresas solo buscan trabajadores temporales de prácticas, únicamente estudiantes, lo que buscan es mano de obra barata y fácilmente desechable. No buscan dar puestos de trabajo ni levantar un país, aunque sí son los que más se las dan de patriotas. Se llama buscar el máximo beneficio con la mínima inversión. O en otras palabras, aprovechar las circunstancias actuales para el pillaje.

Así que no carguen a los jóvenes con una culpa que solo tienen los gestores de la crisis y sus aliados. Hoy en día no hay NI-NI, señores. No nos lo podemos permitir. Si hay un alto porcentaje de jóvenes que ni estudian ni trabajan, no es por vagancia y consentimiento paterno. Es porque ni nos dejan estudiar, ni nos permiten trabajar.

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