Bangladesh no ha sido un accidente

El pasado 24 de abril Bangladesh se vistió de luto, cuando un edificio a las afueras de Daca, que albergaba varias fábricas textiles, se derrumbó, dejando 1.135muertos y 2.500 heridos. Desgraciada o afortunadamente, la repercusión de la noticia está durando varios días en los medios de comunicación de masas debido a que algunas de las compañías fabricaban ropa para empresas occidentales: El Corte Inglés, Primark y Mango, entre otras.

El dueño del edificio ha sido detenido, junto a los de las fábricas, aunque se busca al español David Mayor, director general de Phantom-Tac, una compañía conjunta participada a partes iguales entre Phantom Apparels (Bangladesh) y Textile Audit Company (España). Según la página web de la empresa, esta ocupaba unos 2.000 metros cuadrados en el edificio derrumbado.

En medio de este escándalo, han salido a la luz las condiciones infrahumanas de los trabajadores, como el salario de 28 euros al mes que cobraban quienes confeccionaban ropa para la tan asequible marca Primark, lo que lleva a entender los bajos precios de sus productos. No es la primera vez que algo así sucede. En noviembre de 2012 murieron 111 trabajadores, en su mayoría mujeres, debido a un incendio en su fábrica, también cerca de Daca. El lugar no contaba con los dispositivos de emergencia necesarios y los trabajadores recibieron la orden de permanecer en sus puestos a pesar del humo. En enero de este año también se produjo otro incendio, que causó ocho muertos (dos de ellos menores de edad), en instalaciones de la española Inditex, proveedora de ropa de Zara, entre otras.

Aunque los medios de comunicación han presentado la tragedia casi como una catástrofe natural, con imágenes similares a las de los terremotos –con el objetivo de exculpar sutilmente a las multinacionales–, afortunadamente se ha abierto de nuevo el debate sobre los negocios tan lucrativos de las empresas textiles occidentales en Asia del Sur y el sudeste asiático. Mano de obra barata –muchas veces infantil–, sin ningún tipo de garantía, salario digno ni sistemas mínimos de seguridad. Los sindicatos de Bangladesh han propuesto en varias ocasiones un sistema de inspecciones para las multinacionales extranjeras, pero, como era de esperar, ha sido siempre rechazado. Estas empresas presionan a sus proveedores en estos países para que mantengan bajos los costes, con el fin de seguir siendo competitivas en el sistema mercantil occidental.

En medio de todo este entramado de dinero y codicia, todavía queda lugar para el maquiavelismo. La irlandesa Primark ha emitido un comunicado mostrando sus “condolencias” y recordando sus labores con ONG’s en la zona. Parece otra broma de mal gusto que Phantom-Tac destaque en su página web su novedoso sistema de transparencia de datos: “PHANTOM TAC se compromete a alcanzar un alto nivel de las condiciones de trabajo en nuestra fábrica”. Al igual que Primark, habla también de su compromiso con proyectos sociales en el norte de Bangladesh.

Toda la sociedad occidental se ha estremecido tras esta tragedia –aunque no más que con los atentados de Boston–, pero no es suficiente. Es incómodo pensar que estas empresas mantienen esas condiciones de trabajo porque nosotros consumimos sus productos. Por eso, hay mucha gente que prefiere hacer oídos sordos y seguir comprando. Es incómodo darse cuenta de que somos cómplices de esas muertes. Es incómodo, sí. Pero si somos conscientes, por mucho que duela, también tenemos la fuerza para castigar a estas empresas. Este es el reto que lanzo hoy en el párrafo de reflexión. ¿Somos capaces de ayudar a esta gente de verdad o tan solo lamentándolo, al igual que lo lamenta Primark con su comunicado? ¿Somos víctimas o verdugos? Queremos cambiar el mundo, pero, ¿somos capaces de empezar con sacrificios tan pequeños como este? Pensémoslo.

  • ateo666666

    Así, si las leyes y acuerdos internacionales persiguen el trafico de drogas de manera global ¿porqué no se persigue igualmente la esclavitud laboral o la explotación infantil en cualquier rincón del planeta? Ya que hasta que los altos directivos de las multinacionales, que se enriquecen con el sudor y muchas veces la sangre de los explotados del tercer mundo, no acaben en prisión el lugar de recibir elogios y premios por su criminal perspicacia empresarial seguiremos viviendo en un mundo cruel y totalmente injusto en donde la ética y la decencia se supeditan respecto a la cuenta de resultados. http://diario-de-un-ateo.blogspot.com.es/2012/10/la-irresponsabilidad-de-las.html

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