Hands of Syria

Estados Unidos lanza la secuela de Irak

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se dirigió ayer al pueblo estadounidense en una desesperada búsqueda de apoyo a la intervención en Siria, asegurando que esta será limitada, con fecha de inicio y de fin. Aun así, según un sondeo de Reuters/Ipsos, más del 60% de los estadounidenses se opone a la guerra y solo un 9% se muestra favorable. Aún si estuviesen convencidos del uso de armas químicas por parte de Al-Assad, un 46% de los norteamericanos seguiría oponiéndose, y los apoyos aumentarían hasta un 25%. Por otra parte, Obama ha decidido esperar a los resultados de la consulta en el Congreso, y busca apoyo ahí también, pero atacará de todos modos, aunque ya no parece algo inminente como hace unos días, ya que la consulta se producirá el 9 de septiembre: “Aunque creo que tengo la autoridad para llevar a cabo esta acción militar sin una autorización específica del Congreso, sé que el país será más fuerte si tomamos esa medida y nuestras acciones serán incluso más eficaces”.

No obstante, existe un problema, y es que, por primera vez, el blanco seleccionado no está solo. China y Rusia se oponen a la intervención y advierten a EE.UU. de las consecuencias de su entrada en Siria, al igual que Irán. A pesar de todo, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, ha rechazado la idea de una guerra mundial y ha asegurado que su país no tiene intenciones de entrar en guerra con nadie, ni siquiera por el asunto sirio. Esto lleva a pensar que su intervención en apoyo a Siria podría ser indirecta.

Pero, volviendo a la cuestión, ¿ha utilizado el gobierno sirio armas químicas contra su pueblo? Aún no se sabe. Se supone que la ONU está trabajando para investigarlo, pero de nada servirá a EE.UU. el informe final, que tardará unas semanas en salir a la luz. Tanto si es favorable como si no, el gigante imperialista parece decidido a entrar en guerra porque asegura tener pruebas irrefutables del uso de las armas por parte de Al-Assad. Esto recuerda significativamente a los argumentos utilizados por George W. Bush antes de atacar Irak. Si es cierto que Obama posee esas pruebas, ¿a qué espera para hacerlas públicas? ¿A masacrar al pueblo sirio aún más de lo que le están masacrando ya? ¿A desestructurar y derrumbar uno de los países más estables de la zona? Por lo pronto, a Obama le surgen nuevos problemas. Estos días ha salido a la luz que un grupo de rebeldes sirios ha confirmado a Dale Gavlak y Yahya Ababneh, corresponsales de AP, su propia responsabilidad en el ataque con armas químicas del 21 de agosto en las afueras de Damasco, acto que el grupo presenta como un «accidente». Además, según esta información, los rebeldes admitieron también que son financiados por Arabia Saudí, quien les envió las armas sin explicarles su uso. Gavlak y Ababneh escriben: “En numerosas entrevistas con los médicos, residentes de Guta, los rebeldes y sus familias, aparece una perspectiva distinta. Muchos creen que ciertos rebeldes recibieron armas químicas del jefe de la Inteligencia saudí, el príncipe Bandar bin Sultan, y que fueron los rebeldes los responsables de llevar a cabo el ataque con gas”.

Algunos expertos defienden la idea de que Al-Assad no necesita utilizar armas químicas contra su pueblo porque quien va ganando la guerra por medios convencionales no ejecuta acciones de este tipo que le quiten apoyos entre la población civil, y aseguran que pudo ser obra de la CIA, para justificar el ataque a Siria. Lo cierto es que no sería la primera vez: la autoexplosión del acorazado Maine en 1898, el incidente del Golfo de Tonkín en Vietnam en 1964, las operaciones Fuerza Deliberada y Fuerza Aliada en 1995 durante la guerra de Bosnia, o el falso testimonio de una supuesta enfermera en la Guerra de Golfo de 1990, cuando contó que en un hospital kuwaití soldados iraquíes agarraron las incubadoras y dejaron a los niños muriendo en el suelo frío. Finalmente resultó ser la hija del embajador kuwaití en EE.UU.: solo se pretendía posicionar a la opinión pública en favor de la guerra. A todos estos casos me gustaría añadir la provocación a Japón durante la Segunda Guerra Mundial, para provocar en este país una reacción a los ataques ocultos y que finalmente atacaran una de sus bases, como sucedió finalmente en Pearl Harbor, y así justificar su entrada en la guerra. También se podría añadir el caso de los atentados a las Torres Gemelas, de los que cada vez hay más pruebas. Todo esto no significa, por supuesto, que el gobierno sirio no haya utilizado dichas armas. Simplemente, que este tiene armamento químico, pero la oposición también. Y no se debe olvidar que la guerra está durando tanto por el apoyo de los países occidentales a la oposición por la puerta de atrás.

Por otra parte, todavía cabe preguntarse a quién beneficia el debilitamiento de Siria por encima de todo. La respuesta es, una vez más, Israel. Todo lo que conlleve la eliminación de sus mayores enemigos en la zona –Siria e Irán, ambos firmes defensores de la causa palestina– le conviene. Si bien es cierto que puede salirle el tiro por la culata, porque, en caso de guerra en Siria, Irán ya ha advertido sobre el blanco de su respuesta militar. Y no hay que olvidar que es Israel el país que no encaja en la zona y el que está rodeado de enemigos. De hecho, el gobierno israelí está repartiendo máscaras de gas entre la población y ya ha llamado a filas a los reservistas, lo que indica una clara preparación a una posible represalia siria o iraní.

De seguir adelante con el ataque, lo cierto es que Obama tendrá que hacer frente a la oposición de toda la opinión pública mundial, incluyendo la de su propio país. Además, Rusia y China parecen decididas a defender a Siria hasta el final, aunque sea de manera indirecta. Así pues, una vez más, está en la mano de EE.UU. abrir una brecha en las relaciones diplomáticas de todo el mundo y quién sabe si subir un escalón más hacia la III Guerra Mundial, o dejar de meterse donde no le llaman, dejar también de armar a grupos islamistas radicales, y, por último, dejar de imponer su idea un tanto deformada de “democracia” en todos los rincones del mundo.

IMAGEN: Aslan Media

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