Democracia Nacional

El resurgimiento de la extrema derecha

El miércoles por la tarde, un grupo neonazi perteneciente al partido político Alianza Nacional boicoteó el acto de la Diada que se celebraba en la sede de la Generalitat en Madrid. Afortunadamente y por una vez, las acciones de estos grupos han trascendido a los medios de comunicación y al debate público. Son ya bastantes voces las que alertan de la peligrosa expansión de estas facciones, aunque todavía hay muchas personas que las tachan de ‘pequeños grupos violentos’ que no suponen amenaza alguna.

No obstante, no es la primera vez –ni será la última– que grupos franquistas y neonazis cometen actos violentos. De hecho, si la noticia ha trascendido ha sido simplemente porque han boicoteado un acto político de gran envergadura. A lo largo del año, grupos como este cometen todo tipo de crímenes e intimidaciones a ciudadanos de a pie, especialmente a los sectores más vulnerables, como son los inmigrantes. Y todo el mundo sabe que desde la muerte de Franco y hasta nuestros días han protagonizado un gran número de asesinatos, saliendo siempre impunes, debido a su vinculación con importantes figuras políticas de este país.

Sin embargo, la expansión de la extrema derecha no solo se está produciendo en España. En el resto de Europa es ya preocupante el poder que han alcanzado grupos de esta índole. En algunos casos, como Grecia, Noruega o Hungría, ya han entrado en el Parlamento. La Historia ha demostrado que, en momentos de crisis, el pensamiento moderado puede bifurcarse en dos posibles direcciones: por un lado, la corriente obrera, que cree en la unión de los pueblos y la destrucción del sistema estatal y –extrapolándolo a la actualidad– del sistema económico y bancario, que es la raíz de todas y cada una de las injusticias del mundo; y, por otro lado, el pensamiento de extrema derecha, que también cree en la unión de los pueblos, pero solo de su pueblo, y tan solo de los nacionales, y, a diferencia de la otra corriente, esta prefiere culpar de la situación a los sectores más débiles, como los inmigrantes, y no a los verdaderos responsables.
Si existen estas dos corrientes, ¿por qué siempre triunfa la extrema derecha? La respuesta es sencilla, no es más que puro populismo. Alimentan a los ciudadanos hambrientos –solo los nacionales–, y cuando hay hambre, y sobre todo niños de por medio, uno puede llegar a vender sus más férreos principios, si los tiene. Es decir, se aprovechan de sus votantes en una especie de chantaje subliminal: yo te doy de comer, pero más vale que me votes; si no, yo no te ayudaré.

Volviendo a España, es necesario e imprescindible dar a estos actos la importancia que tienen. Todos los ciudadanos deben saber que el franquismo no terminó, que uno de los partidos políticos más grandes de este país, y que actualmente gobierna, no ha condenado los cuarenta años de una dictadura atroz y tan solo ha reconocido a los muertos de un bando, precisamente el que se sublevó contra un gobierno legítimo mediante un golpe militar respaldado por la Alemania nazi y la Italia fascista. Y ahora, estos grupúsculos, como algunos se empeñan en llamarlos, están reuniéndose para presentarse a las elecciones de forma conjunta, debido a su –todavía– escasa presencia en el poder político. Falange, Democracia Nacional, Alianza Nacional, Movimiento Católico Español y el Nudo Patriota Español están reorganizándose con la idea de presentarse conjuntamente bajo el nombre de La España en Marcha, en lo que parece un extraño guiño al poema de Gabriel Celaya. De hecho, en julio presentaron el manifiesto de constitución, con los dieciséis puntos que proponen. Entre ellos se encuentran cuestiones que comparte la amplia mayoría de los ciudadanos, como la eliminación de la corrupción, la independencia ante imposiciones exteriores, la regeneración del sistema judicial e incluso la abolición de la Constitución de 1978. En el lado opuesto de la balanza, con mucho más peso, se encuentran asuntos que caracterizan a la extrema derecha, como la “prohibición inmediata de la difusión de ideas secesionistas”, la “indisoluble unidad nacional”, o el “final fulminante de la invasión producida por corrientes migratorias masivas”. Además de, por supuesto, las cuestiones morales:

  • La asunción del humanismo clásico y de la cristiandad como fuentes fundamentales del pensamiento hispano, raíz de los valores tradicionales y permanentes de la sociedad española.
  • La defensa de la familia y el reconocimiento integral del derecho a la vida, así como la radical oposición a las prácticas abortivas y a la eutanasia.
  • La consolidación de la institución matrimonial y familiar, fundada en el matrimonio monogámico entre personas de sexo opuesto, orientado a la procreación, educación y proyección de la prole y la conservación del grupo humano, considerando al matrimonio homosexual como una anomalía que choca contra toda lógica y contra la conciencia moral tradicional del pueblo español.

Cualquier persona con un poco de sentido común no puede aceptar esto, que anula necesariamente la primera parte, que teníamos en común, ya que la convierte en un Estado al servicio de los intereses fascistas más rancios. Es necesario prestar atención a estos grupos, condenarlos y disolverlos. Claro que, viendo cómo algunos miembros de las altas esferas políticas les quitan importancia, además de no condenar el franquismo, tiene sentido pensar que en realidad interesa la presencia de estos reaccionarios, a quienes nunca se tacha de terroristas. Si algún grupo de izquierdas hubiera boicoteado algún acto haciendo un tercio de lo que Alianza Nacional hizo el miércoles, es muy probable que ya estuviera disuelto y sus miembros condenados por terrorismo y atentado contra altos funcionarios del Estado. Ni siquiera es necesario ponerse en esa situación. Solo hay que recordar la reacción del Gobierno ante los escraches, acusando a la PAH de terrorismo.

Como apunte personal, me gustaría añadir que hace años solía pensar que todas las ideologías deben ser respetadas. Pero ya no lo creo. No deben respetarse ni ser permitidas ideologías excluyentes, que dejan fuera a una amplia mayoría de las personas del mundo. Cualquier pensamiento puede respetarse, siempre y cuando respete igualmente al resto. Y esta idea deja fuera, por supuesto, a estas ideologías.

IMAGEN: Ceronne

A %d blogueros les gusta esto: