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Canto a la unidad del pueblo y la República

Hoy se cumplen 83 años de la proclamación de la II República. Hay quien piensa que debemos pasar página y olvidar el pasado, pero, en mi opinión, eso es imposible hasta que se haga justicia. Además, este es el mejor momento para reivindicar los valores que inspiraron aquella república, y aprovecho este espacio para ello.

Todos los días bombardean nuestras cabezas con nuevas noticias de corrupción, impunidad y burlas ante nuestros ojos. La reacción natural a ello es la rebelión y, sin embargo, los mismos medios que a través de esas noticias incitan al movimiento, después condenan y criminalizan las protestas. Es un mundo de locos. Nos hacen sentir odio e indignación, pero nos frenan en nuestros intentos por cambiar las cosas. Es una trampa meticulosamente urdida para hacernos sentir inútiles, impotentes y cobardes. Para que no podamos ser felices, pero tampoco intentemos cambiar este sistema que nos devora poco a poco. Creo que nada puede describir esta situación mejor que el siguiente extracto del 1984 de George Orwell:

¿Empiezas a ver qué clase de mundo estamos creando? Es lo contrario, exactamente lo contrario de esas estúpidas utopías hedonistas que imaginaron los antiguos reformadores. Un mundo de miedo, de ración y de tormento, un mundo de pisotear y ser pisoteado, un mundo que se hará cada día más despiadado. El progreso de nuestro mundo será la consecución de más dolor. Las antiguas civilizaciones sostenían basarse en el amor o en la justicia. La nuestra se funda en el odio. En nuestro mundo no habrá más emociones que el miedo, la rabia, el triunfo y el autorrebajamiento. Todo lo demás lo destruiremos, todo.

Todo el sistema falla, está hecho para fallar, está hecho para destruirnos. Cuando seamos capaces de comprender eso, podremos cambiarlo. Como decía al principio, hoy se cumplen 83 años de la proclamación de la II República. Una república con muchos errores, por supuesto. Pero esos errores no justifican en absoluto el derrocamiento militar y la dictadura posterior. La Historia miente. Nos cuentan que en la guerra no hay buenos ni malos. Pues bien, desde mi punto de vista personal, sí hay buenos y malos en una guerra desatada por un golpe de estado militar y fascista que pretende acabar con todas las libertades y todos los avances conseguidos en apenas cinco años.

Señores mayores en las manifestaciones por la III República. Imagen propia, tomada el 17/04/2010.

Señores mayores en las manifestaciones por la III República. Imagen propia, tomada el 17/04/2010.

Como decía, claro que hubo errores. Entre otras cosas, la derecha no dejaba al Gobierno progresista hacer su trabajo, España no pasaba por su mejor momento económico y la izquierda, como siempre, estaba dividida. En 1933 llegó al poder la CEDA, la coalición de derechas que dio marcha atrás a todas las reformas –agraria, educativa, etc.– que el Gobierno progresista había llevado a cabo durante los primeros dos años. Y esa es precisamente la lacra de este país: esa derecha reaccionaria y retrógrada que pretende devolvernos a los tiempos de la Inquisición, a cuando las mujeres no podían salir de casa ni hacer gestiones sin contar con sus maridos, cuando –por supuesto– no podían votar, cuando estaban doblegadas a lo que les decía su padre, su marido y, en tercer lugar, el cura del pueblo.

Claro que en la República había republicanos de derechas, que durante la guerra lucharon por defender la libertad, y les respeto. Les respeto porque, independientemente de que podamos o no coincidir en según qué temas, todos defendemos la libertad y que cada uno haga lo que quiera mientras no haga daño a los demás.

Ahora, 83 años después y con un régimen monárquico impuesto por el dictador, creo que es indispensable evocar el recuerdo de aquellos cinco breves años en los que este país disfrutó de unos valores renovados, unos valores muy modernos para la época. ¿A alguien se le ha ocurrido pensar cómo estaría España actualmente si la República hubiera seguido? En 1931, uno de los principales propósitos del nuevo gobierno era reducir la lacra del analfabetismo, que afectaba a entre el 30 y el 50% de la población. Era necesario construir 27.000 escuelas nuevas, a un ritmo de 5.000 al año. Además, la reforma agraria de 1932 pretendió acabar con la también lacra de los latifundios en el sur de España, donde unas pocas manos acumulaban todos los campos mientras los jornaleros morían de hambre. Podemos ver que este problema sigue existiendo en Andalucía. La idea de esta reforma era expropiar una parte de los latifundios y entregársela a los trabajadores.

Ninguna de las reformas consiguió satisfacer a todo el mundo. La reforma agraria tampoco contentó del todo a los campesinos. Pero esto no significa que la idea fuera mala. Además, la mayoría de las reformas se encontraron constantemente con diversos obstáculos de las distintas oposiciones. Los mayores enemigos eran, por supuesto, los fascistas, los monárquicos y los militares. Por otra parte, los anarquistas tampoco terminaban de simpatizar con la República. Como ejemplo de toda esta debilidad podemos mencionar el golpe de estado del general José Sanjurjo en 1932.

Desde aquí no pretendo presentar la II República como la panacea, porque no lo era. Pero creo que a día de hoy más que nunca debemos retomar aquellos valores que la inspiraron: libertad, igualdad, justicia y laicismo. En mi opinión, debemos luchar por cambiar este régimen impuesto por la dictadura, con una transición que nunca existió y con un rey inepto a quien nadie nunca eligió y que juró lealtad a Franco. Un régimen que, además, nunca ha hecho justicia a las víctimas de la dictadura, las ha abandonado a su suerte y aún pretende que creamos que es una democracia. No, señores “demócratas”, una democracia hace justicia a sus muertos y evita que aquellos que estaban entre las filas del fascismo ostenten el poder; impide que nuevos grupos neonazis salgan a la luz y sus crímenes queden impunes. Pero claro, ¿cómo van a impedir todo eso si quienes nos gobiernan son herederos de aquellos que provocaron la guerra civil? No ha habido justicia, y por ello hemos de seguir reclamándola. Además, ¿cómo puede ser una democracia un país en el que no todos los ciudadanos son iguales ante la ley? Por supuesto, me refiero a la inviolabilidad e irresponsabilidad jurídica del rey. Sin república no puede haber democracia.

Familiares de víctimas del franquismo y simpatizantes que acuden cada jueves a manifestarse en la Puerta del Sol contra la impunidad. Imagen propia, tomada el 17/05/2012.

Familiares de víctimas del franquismo y simpatizantes que acuden cada jueves a manifestarse en la Puerta del Sol contra la impunidad. Imagen propia, tomada el 17/05/2012.

Antes de terminar, me gustaría hacer un comentario sobre aquella gente que luchó y aún vive. Durante los años que he estado en Madrid, he admirado cada jueves a esos señores mayores –algunos muy mayores– que, sin faltar un día, acuden a la Puerta del Sol para protestar por la impunidad de los crímenes del franquismo. Y que aparecen también cada 14 de abril y 6 de diciembre para pedir el regreso de aquella República que nos robaron, la memoria de aquellos muertos que aún no hemos encontrado. Creo que merecerían un libro entero, pero desde aquí les dedico este artículo por su lucha diaria, por su tenacidad y su capacidad de aguante durante tantas décadas. Me emociona verles animados y emocionados cada vez que ven a gente joven entre las filas de las manifestaciones. Recuerdo una frase que uno de ellos nos dijo una vez a varios que caminábamos con la bandera tricolor: “Venga, chicos, tenéis que conseguirlo. Por vosotros. Por nosotros”. Y desde aquel día me juré a mí misma no detener la lucha y pregonar a los cuatro vientos que queremos libertad, queremos justicia e igualdad. Queremos poder elegir a nuestros representantes libremente y sin pucherazos. Queremos fuera a los Borbones, que sólo han arrasado este país –el pueblo francés bien que lo aprendió–.

Por último, hago un llamamiento a la unidad del pueblo: a los apolíticos que sólo quieran justicia social y libertad, a los comunistas, a los anarquistas, a los socialistas –de verdad, no del PSOE–, a todos los que compartamos unos mínimos puntos en común. La unión hace la fuerza, y no podemos permitir que nos derroten una vez más sólo por nuestro orgullo y nuestra incapacidad de unión. Aunque nuestros objetivos finales sean distintos, tenemos que ser capaces de luchar juntos y ya después decidir qué queremos. Seamos civilizados. Hemos de recordar que es mucho más fuerte lo que nos une que lo que nos separa.

Nota: Recomiendo la lectura de la Constitución de 1931.

Imagen: Bandera republicana ondeando en la estatua del Oso y el Madroño de Madrid. Imagen propia, tomada el 17/04/2010.

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