Sindicatos

Un 1 de mayo con los sindicatos del poder

Desde 1889 se celebra en todo el mundo el Día Internacional de los Trabajadores. En España, UGT y CCOO han convocado para hoy 70 manifestaciones por todo el país. Resulta curioso que estos sindicatos reivindiquen este día como suyo cuando desde hace ya muchos años no son más que falsos sindicatos utilizados para aparentar que existe una lucha social institucionalizada. Si las organizaciones que lucharon para conseguir la jornada laboral de ocho horas viajaran en el tiempo, volverían a marcharse.

Origen del 1 de mayo

Fue en 1886 cuando las organizaciones obreras de Estados Unidos consiguieron la jornada laboral de ocho horas, haciendo valer su máxima: “ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa”. Ya existía una ley de 1868 que establecía la jornada de ocho horas, aunque eran ampliables hasta catorce y dieciocho. Si la empresa abusaba del trabajador, tenía que pagar una multa de 25 dólares. Las organizaciones laborales y sindicales se movilizaron y amenazaron con una gran huelga para el 1 de mayo de 1886 si las empresas no establecían las ocho horas máximas. Por supuesto, la prensa criminalizó las protestas, tachándolas de “indignantes e irrespetuosas”, “delirio de lunáticos poco patriotas”, y manifestó que era “lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo”.

Ese 1 de mayo, 200.000 trabajadores iniciaron la huelga y otros 200.000 consiguieron este derecho mediante la amenaza anterior. Chicago fue la ciudad más rebelde y con más problemas. Las movilizaciones duraron dos días más, hasta el 3 de mayo. Debido a los seis muertos y varias decenas de heridos que se produjeron en la disolución de la manifestación, se convocó un nuevo acto de protesta para el día 4 en la plaza de Haymarket, en lo que se conoce como la revuelta de Haymarket. En medio de la manifestación pacífica, alguien lanzó una bomba a la policía, matando a un agente. Los 180 efectivos abrieron fuego contra los obreros, hiriendo y asesinando a un gran número de ellos. Se detuvo a ocho anarquistas y se les acusó de los disturbios en un juicio que años después se calificó de ilegítimo y malintencionado. Cinco de ellos fueron condenados a muerte y los otros tres recluidos. El movimiento obrero los denominó los Mártires de Chicago. La revuelta de Haymarket costó la vida a muchos trabajadores y dirigentes sindicales. Además, fueron miles los despedidos, detenidos, procesados, torturados o heridos de bala. La mayoría eran inmigrantes: italianos, alemanes, españoles, rusos, irlandeses, polacos y de otros países de Europa del Este.
Sin embargo, pese a todo ello, a finales de mayo varios sectores de la patronal accedieron a otorgar las ocho horas a centenares de miles de trabajadores.

Actualmente, el 1 de mayo se celebra en muchos países con reivindicaciones sociales y laborales. Los que no lo hacen son por lo general excolonias británicas, que querían evitar la relación entre el Día del Trabajador y los movimientos anarquistas y comunistas. Es el caso de Estados Unidos o Canadá, que celebran el Labor Day el primer lunes de septiembre. Australia y Nueva Zelanda también lo celebran en días distintos al 1 de mayo.

Los sindicatos actuales

Repasada por encima la historia del 1 de mayo, cabe preguntarse qué tienen en común los sindicatos de la actualidad con los de aquel momento. A lo largo del siglo XX, los movimientos sociales consiguieron más derechos para los trabajadores, también en España. Sin embargo, los sindicatos mayoritarios de la actualidad (UGT y CCOO) se encuentran más cerca del poder que nunca. Se han convertido en instrumentos del mismo para dar la sensación de que existen reivindicaciones laborales. Por supuesto que en casos concretos han ofrecido la ayuda que se espera de ellos, pero desgraciadamente han pasado por el aro en muchas de las nuevas leyes impuestas por el Gobierno. Aunque aseguran no aceptar la última reforma laboral, tampoco se unen a los nuevos movimientos del pueblo que van surgiendo, como las Marchas de la Dignidad y en su momento el 15M. Y cada vez son más las personas que desconfían de estos sindicatos que se bañan en champán y celebran con mariscadas sus pequeños triunfos.

Ellos no se unen a las movilizaciones de la gente harta de la corrupción –tanto del poder como de los sindicatos–, pero esperan que todo el mundo se una a las suyas. Ellos desaparecen cuando más se les necesita y aceptan condiciones laborales inadmisibles en aquellos sindicatos del siglo XIX. En mi opinión, los sindicatos son completamente necesarios en un sistema capitalista basado en la explotación, pero han de ser sindicatos, no esbirros del propio sistema. Han de ser organizaciones comprometidas con los trabajadores y sus derechos, que no renuncien a sus principios, y sí, que también dimitan cuando utilicen dinero público para placeres privados. Queremos sindicatos, sí, pero sindicatos de verdad.

IMAGEN: Manifestación del 1 de mayo de 2012 en Madrid. Escael Marrero

A %d blogueros les gusta esto: