Valencia

Valencia y la corrupción endémica

Lo de la Comunidad Valenciana ya no es que sea un escándalo, es que se ha convertido en una amenaza para la democracia –no la de este país, que está claro que no la tiene, pero sí la que los ciudadanos queremos–. Me refiero concretamente a la expulsión de las Cortes Valencianas de la diputada Mónica Oltra, portavoz de la Coalició Compromís. Pero esta es sólo la última acción llevada a cabo por una Cámara gobernada por corruptos y regida por el sistema de caciquismo más rancio.

La corrupción en España está a la orden del día. Y no porque en el resto de países europeos no exista, sino por la impunidad de la que goza. Son muchas las tramas que salen a la luz diariamente, y también muchos los indultos. Es por ello que la ciudadanía está cada vez más indignada y, sobre todo, mucho más cabreada. Porque ve cómo condenan a cárcel a ciertas personas sólo por decir lo que piensan, pero, sin embargo, no hacen lo mismo con aquellos que roban diariamente a ciudadanos honrados y encima sonríen en las fotografías, como burlándose aún más.

Sin embargo, en este artículo de opinión voy abordar el tema de la Comunidad Valenciana por lo escandaloso del asunto. En todos los rincones del país hay corrupción, y la vemos diariamente; pero lo de esta comunidad es realmente inexplicable. Casi todos –si no todos– los miembros de la cúpula del Partido Popular han estado o están imputados o relacionados con alguna trama de corrupción. También fue allí donde saltó la chispa de la trama Gürtel, con Francisco Camps y Ricardo Costa como cabezas visibles. Ambos fueron declarados no culpables finalmente por un jurado popular. Las acusaciones se referían a contratos a dedo con empresas de Rafael Correa, recibiendo además varios obsequios. Pero a su alrededor se expande una red inmensa de relaciones políticas y económicas por todo el espectro español que ha manejado los hilos del país con los chanchullos más increíbles. Es el caso, por poner un ejemplo, de los 49.745 euros en viajes y celebraciones que varias empresas de Francisco Correa pagaron a la actual ministra de Sanidad, Ana Mato, y a su exmarido, Jesús Sepúlveda, entre 1996 y 2006, según un informe del año pasado encargado por el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz.

Por su parte, según un informe reciente de la Brigada de Blanqueo de Capitales de la Policía Nacional, Juan Cotino, actual presidente de las Cortes, negoció con la red de Gürtel para el suministro y la instalación de equipamientos para la visita del Papa Benedicto XVI a Valencia el 8 de julio del año 2006. Concretamente, con el brazo de Gürtel en Valencia, Álvaro Pérez El Bigotes. Así lo declaró José Selva, quien fuera el coordinador de las infraestructuras del evento.

Pero el 3 de julio de 2006, unos días antes de aquella visita del Papa, se produjo la tragedia del accidente de metro que dejó 43 víctimas mortales y 47 heridos, y por la que nadie ha respondido, aunque hace dos días, la juez que investiga el caso ha imputado a tres directivos de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) con responsabilidad sobre el sistema de frenado. Al que entonces fuera consejero de Agricultura, Pesca y Alimentación de la Generalitat, Juan Cotino, se le han atribuido conductas irregulares hacia las víctimas y familiares, como chantajes y ofertas de empleo para evitar que denunciaran a la empresa de ferrocarriles. Todo ello, obviamente, con el objetivo de tapar la realidad sobre la investigación e intentar cerrarla lo antes posible.

Podríamos seguir así un buen rato más, hablando sobre personas imputadas por delitos de corrupción –o que no lo están, pero han salido a la luz sus conductas irregulares–, pero es suficiente para alarmarse sobre la corrupción en esta comunidad autónoma. Y, para colmo, debido a la mayoría absoluta del PP en las Cortes, este partido se cree con la legitimidad de expulsar a quien quiera y cuando quiera, como le ha sucedido a Mónica Oltra, que podría ser sancionada con la pérdida temporal de su escaño por criticar, una vez más, la corrupción del partido mayoritario. Las Cortes Valencianas –al igual que el Congreso o el Senado– se han convertido en un anfiteatro romano donde la mano del César es manejada por la mayoría absoluta del PP con total arbitrariedad y, por supuesto, como en todo lo demás, con absoluta impunidad.

IMAGEN: La leyenda de Robin Hood al estilo del PP: “Roban a los pobres para dárselo a los ricos”. Antonio Marín Segovia

A %d blogueros les gusta esto: